jueves, 24 de noviembre de 2016

Registro de observación: Taller de escritura de textos literarios


Una lógica razonable
Álvaro de Ávila

El sábado 22 de octubre, como Asesor del Departamento de Logro Educativo en el Estado de Guanajuato, tuve la oportunidad de estar presente en la Normal Básica de Guanajuato, donde se están llevando a cabo algunos talleres para maestros de telesecundaria, ahí con Sandra Ortiz y Artemio Ríos (autores y coautores de los libros Cuento a seis manos, Rudeza Innecesaria y Flor de varia escritura) pude ver una dinámica de análisis literario muy a la medida de todos, primero se preguntó a quién se quería leer, si a Sabines o a Neruda, todos dijeron “a los dos”, así comenzó una tímida interacción, siempre atentos todos y realizando anotaciones tal vez para abrirse más a la hora del análisis a manera de  tertulia. Así siguieron los maestros interactuando con los talleristas, opinando, brindando experiencias sobre la lectoescritura en sus lugares de trabajo reflexionando entre el ateísmo de Sabines y la irreverencia de Neruda.

De pronto caímos en el trabajo con los registros, en la dinámica de trabajo de dos sesiones anteriores, se generaron registros de los análisis cuando comenzaron a leerlos no sólo se reflejaba el impacto del análisis, se hizo  una autovaloración porque ahí mismo se iban corrigiendo la puntuación y otras formalidades, se permitió también la reflexión y el apoyo del tallerista para enriquecer los escritos, aunque también se había intentado hacer correcciones cuando les llegó a los coordinadores del taller vía internet. Se complementó con las exigencias de un reporte, título, relatos específicos, etc.
Me parece que no hay mayor lógica en esto, primero leer juntos, analizar, orientar, enriquecer escritos, todo esto es motivo para mejorar nuestra expresión escrita y por qué no decirlo, la manera de apreciar lo que escribimos cuando lo leemos.

Cuando somos revisados en productos escritos nos encontramos ante algunas situaciones como en la que se puede escuchar y aceptar inmediatamente lo que se nos orienta, con humildad intelectual, con honestidad, para tomar de ello lo que sea necesario y mejorar; se dio el caso de un maestro que estaba siendo revisado entre todos, inclusive con proyección de su texto en la pared, inicialmente quería defender cada apreciación pero se vio cómo cambió poco a poco su actuar, ya no argumentó cada vez que se hacía alguna recomendación, más bien asumió que su texto sería mejorado y se dejó llevar mucho más, era una ganancia para él, lo interesante es cómo se comenzaron a verter reglas, estructuras formales, y ahí vamos de nuevo, los maestros comenzaron a caer en cuenta, de manera colectiva, del poder de un ejercicio como este pues se comenzó a reflejar claramente la necesidad de todos de escribir correctamente.
Luego se realizó un análisis literario, se pensó en por qué utilizar párrafos de cierta medida o no ¿Quién lo ha hecho? Los maestros estuvieron siempre atentos a las sugerencias bibliográficas, anotaron y cuestionaron sobre lo que algunos autores escriben. Todo esto fue pensando siempre en la importancia de lo que escribimos, en cuanto a forma, en cuanto a contenido, en cuanto a un código, las convenciones.

Se trabajó con Manual de Zoología Fantástica de Borges, primero se leyó uno de esos textos; luego, basado en figuras de animales de plástico que seleccionaron los maestros realizaron su propia versión de “bestiario” sobre dicho animal, posteriormente se repartió El bestiario de Arreola, de ellos cada uno leyó dos narraciones y las sistematizó. Los interesante es que “de cierta manera” se leyó todo el libro, al poner en común las lecturas en el pleno. Cada maestro escogió uno de los dos textos para leer en voz alta. Entre las preguntas que el tallerista realizó, una es fundamental: ¿Dónde podemos ver que no se trata de un texto informativo sino literario?
Luego de que todos fueron leyendo en público uno de cada dos textos,  analizaron componentes claves de vinculación con el programa y los conceptos que se exige tener claros para poder analizar y comprender un texto de literatura.
Habiendo leído los animales del bestiario colectivamente, los maestros se enfrentaron a elaborar su bestiario, se escucharon nombres como la cangurosa, el ciervo, reptifero, cocofante, rinotruz o avecronte; también se generaron cuentos con la misma dinámica y con los seres que cada maestro generó.
Luego volví para la sesión del 12 de noviembre con otro grupo, el taller en esta ocasión se centró en el análisis de fábulas, el ejercicio que cerró con broche de oro fue la construcción de fábulas por parte de los docentes y algunos invitados especiales, estudiantes de bachillerato y universitarios. Es muy importante destacar la habilidad y creatividad de los maestros, una gran diversidad de expresiones, colores, sabores, imágenes, juicios, regiones, épocas, realidades sociales, moralejas, mensajes aleccionadores, es notable la creatividad que se puede desarrollar cuando hay disposición, interés y voluntad para descubrir y construir textos originales.

Creo que estos ejercicios de generación de textos originales abonan a los propósitos que establece la política educativa en la Propuesta Curricular 2016:

1. Reconocer y participar en prácticas sociales.
2. Utilizar el lenguaje para organizar el pensamiento y el discurso.
3. Acceder a las diferentes expresiones culturales del presente y el pasado.
4. Reconocer que forma parte de una comunidad cultural diversa y dinámica.
5. Reconocer el papel del lenguaje en la construcción del conocimiento.
6. Argumentar y desarrollar una actitud analítica y responsable ante los problemas que afectan al mundo.
7. Disfrutar de la lectura y la escritura como vía para el autoconocimiento y la comprensión de puntos de vista distintos al propio.

Impacta directamente en el Enfoque Didáctico:



- Se fundamenta en los aportes sobre los procesos de adquisición de la lengua oral y escrita de la psicolingüística, la sociolingüística y la psicología constructivista.[i]
- Parte de la idea de que el lenguaje se apropia en la interacción social, participando en prácticas de interacción oral, de lectura y escritura socialmente valiosas.
- El lenguaje se concibe como actividad, como sistema de prácticas sociales, tanto orales como escritas.
- Supone que los textos orales y escritos no son neutros, porque su producción, interpretación o transmisión se realizan con alguna finalidad.
- Las prácticas sociales del lenguaje constituyen los contenidos de aprendizaje.
Y da soporte totalmente al tema número cinco de la dosificación curricular de español:



[i][i][i] La psicolingüística o psicología del lenguaje, es una disciplina dentro de la psicología interesada en el estudio de los factores psicológicos y neurológicos que capacitan a los humanos para la adquisición, uso y comprensión del lenguaje.

La sociolingüística estudia los factores de la lengua y los pone de manifiesto con otro tipo de factores sociales como el plano económico, la posición social que ocupa una persona, el género, el nivel educativo de una persona, los valores que ha recibido por parte de sus padres, el estatus, la profesión que tiene...

El termino constructivismo en la psicología se refiere a todas aquellas teorías y prácticas que se enfocan sobre el modo en que los individuos crean sistemas para comprender su mundo y sus experiencias, la estructura significa donde se construye la personalidad del ser humano. La psicología constructivista, ofrece modelos teóricos, que no ven al ser humano como un receptor pasivo de experiencias y aprendizaje ni como esclavos de pasiones, sino como constructores activos de sus estructuras de relación.



viernes, 18 de noviembre de 2016

Copiar: otra pieza en el rompecabezas de la comprensión lectora

Copiar: otra pieza en el rompecabezas de la comprensión lectora*

Artemio Ríos Rivera

A veces nos preguntamos, ¿qué es lo más importante de lo que escriben los jóvenes en la escuela básica? Debe haber múltiples respuestas, según el enfoque, la perspectiva y quién responda la pregunta. Para nosotros, una de las cosas más relevantes es la originalidad. La singularidad de la voz del alumno tiene que ver con la construcción de sí mismo, de un perfil ciudadano en él, de un sólido y ético perfil oculto. Colaborar con que el alumno aprenda a hacer algunas cosas también tiene que ver con abonar al tipo de país al que aspiramos.

Pero la voz propia no nace de la nada, por inspiración divina, surge de la interacción social de escuchar y leer la voz del otro, de comprender lo que dice y hacerlo de uno replicándolo con palabras propias. A las palabras no se las lleva el viento, menos la palabra escrita, aunque sea una tarea escolar de intrascendencia aparente.

Creemos que se debe abonar, para formar una cultura de producción de textos originales, desde la educación básica; no está de más hablar con los chicos de la ética académica, de lo que implica cortar y pegar sin dar crédito a las fuentes de información, no saber citar, en fin. Pero, sobre todo de lo que se trata es desarrollar con ellos actividades y proyectos escolares que los pongan en el camino de la producción de textos originales. Retomar otras voces para apoyar el punto de vista propio, para argumentar.

En años recientes el COLMEX y la UNAM han retirado títulos de posgrado al comprobarse que los sustentantes incurrieron en plagio en sus tesis doctorales; también se ha destituido a docentes universitarios por ir más allá del consabido “error metodológico”. Este problema nos trae a la mente nombres de políticos nacionales y extranjeros que, cuando menos, han tenido que enfrentarse al desprestigio y la repulsión social por plagiar fragmentos de algunos trabajos o alguna obra  completa. Recordemos que la renuncia del presidente de Hungría, en 2012, fue por el plagio que cometió al realizar su tesis doctoral.

Entonces, la cuestión de enseñar a escribir no es tan simple y tenemos que hacer consciencia en el alumno y, sobre todo, en el docente de la responsabilidad histórica -no es exageración- de aprender y enseñar a escribir diferentes tipos de textos, como los argumentativos. Pero, por ahora, no vamos a hablar de la construcción de textos propios sino de algo mucho más simple que, por lo mismo, le vemos frente a nosotros, pero poco hacemos por resolverlo.

No vayamos muy lejos, hay muchos detalles pequeños que los maestros debemos ir abordando más allá del diagnóstico, más allá de decir: los alumnos no saben ni copiar. Si nosotros localizamos ese problema al inicio del ciclo escolar, se lo decimos al chico, a los papás y al Consejo Técnico Escolar, para compartir la responsabilidad, es correcto; pero, si no tomamos pequeñas medidas prácticas sobre el problema, probablemente no avancemos mucho y al finalizar el curso corroboraremos lo que sabemos desde el inicio: los alumnos no saben ni copiar.

Nos volteamos a ver entre todos para, cada quien, descargar la responsabilidad en algún otro. Entonces, qué hicimos durante el año lectivo para que los chicos superaran el problema que ya teníamos localizado, tal vez nos pareció un problema tan grave y sencillo a la vez que fue muy poca la atención que pusimos en superarlo.

Nosotros podemos escoger algunos escritos, ponerlos en pantalla, en el pintarrón o en un impreso ante el alumno y proponerle: copia el siguiente texto. Al terminar no basta con palomear el cuaderno o decirle al alumno que ha copiado mal. Antes de que nos pida la revisión, nosotros podemos fomentar la autoevaluación de su escrito. Si el alumno ya terminó de copiar, ahora deberá revisar palabra por palabra, acento por acento, signo de puntuación por signo de puntuación, su copia con el original y autocorregirse. Le podemos pedir que anote a un lado de su copia el número de errores que localizó y corrigió.

Si repetimos este ejercicio de manera sistemática y metódica durante el curso es posible que el niño, al final, tenga menos errores o ninguno, y es posible que esto lo haga sentirse satisfecho de su trabajo en vez de frustrado porque no sabe ni copiar. De manera sutil, pero clara habrá superado un reto cognitivo. Es posible que al final del ciclo escolar el alumno, cuando menos, aprenda a copiar. ¿Basta con eso? Claro que no, pero es un buen avance en la formación del muchacho.

Tampoco nos podemos quedar ahí, el problema no es tan sencillo. Una cosa es copiar prosa, un texto narrativo, y otra uno poético. Vayamos a la práctica, por ejemplo, les pedimos a los chicos que copien el siguiente poema de Mario Benedetti:

Amor, de tarde

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.

 La mayoría hacen lo correcto de acuerdo a la instrucción, pero algunos tienen lo siguiente en su cuaderno:

 Amor, de tarde

Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las cuatro y acabo la planilla y pienso diez minutos y estiro las piernas como todas las tardes y hago así con los hombros para aflojar la espalda y me doblo los dedos y les saco mentiras. Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las cinco y soy una manija que calcula intereses o dos manos que saltan obre cuarenta teclas o un oído que escucha como ladra el teléfono o un tipo que hace números y les saca verdades.

A lo mejor ellos siguieron las indicaciones de copiar y autocorregirse, no tienen errores de ortografía, sin embargo, nadie les ha explicado que hay diferencias entre la copia de un tipo de texto y otro; entre la escritura y la lectura de prosa y verso. Muchos aprendemos a hacerlo solamente en la práctica, en el ensayo y el error. Pero el docente debe aportar elementos para que el estudiante logre el objetivo con más rapidez y eficiencia.

Podemos solicitar a los alumnos que observen la distribución de los espacios en dos textos diferentes, uno narrativo y otro poético; decirles que los comparen; hacerles preguntas para que lleguen a las conclusiones deseadas; pedirles que registren sus conclusiones poniendo énfasis en lo que aprendieron; y proporcionarles un nuevo ejercicio para corroborar, evaluar, lo que han construido sobre el copiado de textos.

El docente también debe preparar una breve explicación que le puede servir de cierre de la actividad, la explicación podría ser algo parecido a lo que sigue: ¿Cómo llamamos al fragmento escrito en un texto narrativo que es separado por un punto y aparte?, párrafo sería la respuesta. ¿Cómo llamamos al fragmento escrito en un texto poético que es separado por un punto y aparte?, estrofa. Bien, en el texto narrativo el párrafo lo cerramos con un punto y aparte, en el caso del texto poético no siempre hay punto –debido a las licencias poéticas–, pero sí doble espacio, esa es la seña de que se trata de estrofas diferentes.

Además, podemos cuestionar sobre la diferencia que hay entre los renglones de una prosa y los de una poesía. En el caso de la narrativa en el renglón van oraciones que inician con mayúsculas y terminan en punto, mientras no haya punto y aparte escribimos a renglón seguido, hasta donde nos alcance el espacio, ¿es igual en el caso de la poesía? No, en poesía no hablas de renglones sino de versos, de líneas versales y no podemos copiarlas a renglón seguido, si lo hacemos de esa manera tendremos que ocupar otros signos para que el lector entienda dónde termina un verso y dónde una estrofa.

El alumno que copio juntos los versos del poema, un poco desilusionado nos preguntará: ¿tengo que volver a copiar todo? La respuesta es que esa es una opción, pero puede haber otra. Sobre el texto que ya tiene a renglón seguido lo que puede hacer es agregar diagonales (/) para separar cada verso y doble diagonal (//) para separar las estrofas, entonces al realizar la corrección el alumno, su texto quedaría así:

Amor, de tarde

Es una lástima que no estés conmigo / cuando miro el reloj y son las cuatro / y acabo la planilla y pienso diez minutos / y estiro las piernas como todas las tardes / y hago así con los hombros para aflojar la espalda / y me doblo los dedos y les saco mentiras. // Es una lástima que no estés conmigo / cuando miro el reloj y son las cinco / y soy una manija que calcula intereses / o dos manos que saltan obre cuarenta teclas / o un oído que escucha como ladra el teléfono / o un tipo que hace números y les saca verdades.

Sin duda el copiado en soportes electrónicos tiene alguna otra convención y requerimientos técnicos que también hemos ido aprendiendo con la práctica y de manera más o menos autodidacta. En cualquier soporte será necesario que el alumno dé cuenta de quién es el autor del texto copiado, es decir, no sólo que cuide ser fiel al texto original, sino consignar con claridad -para él y para sus lectores- que él no es el autor.


Aunque la escuela debe formar alumnos autónomos y autodidactas, debe hacerlo a partir de un proceso consciente que ahorre el costo social que tendría, para los jóvenes, aprender sin una comunidad de aprendizaje; sin un marco que puede ser escolarizado, semiescolarizado o más libre, pero intencionalmente diseñado para consolidar el proceso formativo de los aprendices. Por el momento hagamos un alto hasta aquí, esperando no haber sido demasiado elementales en el tratamiento del tema.







*Para Sandra Ortiz, por su impulso vital y por el apoyo cotidiano a mis producciones.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Frente frío

Frente frío
Artemio Ríos Rivera

“La interacción del frente frío con la zona de inestabilidad provocará tormentas intensas en todo el país…” el noticiario así había pronosticado el tiempo para los siguientes días; así se expresaba la mujer de bajo escote y prominentes nalgas que sonreía en el televisor. Así se quedaba él, embobado en la imagen, sin importarle mucho el presagio de lo que estaba por venir. Lo único que quería era descansar de todo, enajenarse y olvidar lo que la realidad cotidiana, en la calle, le escupía a la cara.

El frente frío, en vísperas de la primavera, había dejado un par de días lluviosos con baja temperatura. El ánimo de él era brumoso, pero hoy había amanecido soleado, sin nubes, lo que auguraba un día disfrutable por el contraste, a pesar de los malos augurios. Se quiso animar y planeó rasurarse, pensando que eso lo haría ver más juvenil, más dispuesto a mirar y ser visto.

Inmediatamente después de la inspección ante el espejo subió al gimnasio, antes de iniciar el ejercicio físico leyó un poco, aprovechando el sol para calentarse los huesos. Aunque aun era temprano, después de desayunar solo, decidió salir a la calle; eran las 11 de la mañana, un poco antes de la hora en que ella estaría abordando el autobús de regreso a casa.

El día era esplendoroso, buen inicio de semana le pareció. Podrían incluso irse al puerto a ver el primer partido serie, iniciaría a las 8 de la noche y se quedarían al desfile del carnaval del miércoles, qué importaban las obligaciones, pensó. Sé que le gustará la idea, se dijo para sí, ni siquiera regresaríamos por ropa a casa, nos iremos directos desde la terminal.

Ocuparía las seis horas de espera para ir a recargar el cartucho de la impresora, lavar la camioneta, cargar gasolina y sentarse a leer en algún café lejos del centro, por aquello del tráfico y las dificultades de estacionamiento, traía un libro a la mano que nunca se había decido a hojear.

Al poco de salir de casa vio a Jorge en la parada del urbano y decidió detenerse y ofrecerle un aventón. Hacía años de no verse, pero como salió muy “jovial”, con ropa deportiva, recién cortado el pelo y la barba de tres días cuidadosamente alineada, Jorge tardó en reconocerlo. Parecía que respondía discreto a las pretensiones sexuales de un desconocido gay. Pendejo, masculló.

Lo llevó a su trabajo, la plática, aunque telegráfica, fue agradable, se pusieron al día. Jorge le dio sus últimas dos publicaciones: su tesis doctoral y un pequeño guion de teatro. Hablaron sobre su larga trayectoria en la radio universitaria.  Quedaron que se llamaban para ir al programa radiofónico, una entrevista en vivo sería buena para ambos. Los encuentros y desencuentros a lo largo de los años vinieron al recuerdo, con sus contextos y coparticipantes, el día seguía siendo de maravilla.

En la gasolinera le llamó la atención una cara femenina conocida, era Tita, mucho tiempo sin verla también, le hizo un halago a lo lejos; ella tardó en reconocerlo, vio la dificultad en su mirada ella se apoyó en el tono de la voz de él, para aventurar el grito con su nombre. Todavía tenía tiempo para ir por su compañera a la terminal, las horas del trayecto irían en un tercio.

Los ojos de Tita brillaban, tenía las ganas de platicar, de ponerse al día, cada vez soy más ermitaño, pensó él con un dejo de nostalgia. También tenía ganas de chacotear, de saber de Emiliano, de Fidel, de sus días de mujer sola, sin pareja y sin hijo. No se atrevió a ofrecerle un café o una cerveza, sabía que aceptaría y que sería una charla agradable, de viejos camaradas que se encuentran después de algún exilio. De pronto se sentía recién repatriado de un exilio voluntario. Empezó a mirar una ciudad desconocida, en la que había habitado los últimos 30 años.

Se molestó con su indecisión. Se cuestionaba por qué con Jorge no tenía dificultades para socializar y con Tita sí. Entonces encontró mirándose como un monógamo acomplejado por la culpa de sus pasados “errores”.  Ella había abonado en eso, inconscientemente tal vez, se había encargado de anidar cariñosa y cotidianamente en él el aislamiento, el alejarse de las mujeres. Sus cariñosos celos, pensó, lo habían hecho ir cortando paulatinamente con sus amistades femeninas en el último periodo. Le habían impedido, inconscientemente, abordar y abonar potenciales amistades con el sexo opuesto.

Incómodo ante el descubrimiento, era un buen pretexto, se metió a la primera cantina que encontró, tuvo tiempo de tomar tranquilamente tres cervezas, oír música, ver unas parejas en el cachondeo al que daba derecho la copa para dama, un par de danzas ortopédicas de un borracho que apenas se podía sostener en pie. Él contenido e indeciso de invitar a Piernas Gordas a su mesa.

Las mujeres eran comunes y corrientes, alguna jovencita que en el fin de semana y días festivos saca para sus gastos escolares, un par de señoras jóvenes, seguramente madres solteras con la justificación de necesidades económicas para mantener a la abuela y a sus hijos. Un par de mujeres maduras, maltratadas, con cara de viciosas entre encantadas y hastiadas con su trabajo.

Llamó poderosamente su atención la llegada de una mujer joven, con lindo rostro y un cuerpo regular; se sentó en la barra, era evidente que conocía al personal del bar, lo raro fue que no se le insinuó a nadie para que le invitará una cerveza. Pidió un trago, otro y otro más. No se veía que trabajara en el lugar, sintió el impulso de averiguarlo, pero, una vez más, se quedó con las ganas.

Nuevamente la imagen de su compañera y sus coquetas reconvenciones, sintió incomodidad por ir a la cantina sin ella, como un acto de traición. En los últimos años iban a todos lados juntos, felices, incluso a trasnochar y emborracharse. Pagó y salió rumbo a la terminal de autobuses, faltaban veinte minutos para la llegada.

El autobús venía retrasado, tuvo que esperar más de una hora su arribo. Tiempo suficiente para recapitular sobre las últimas horas, los últimos días, los últimos años...  Ella y él habían ido juntos a la capital del país hacía unos días, a una presentación en la Feria del Libro de Minería. Por cuestiones de trabajo él regresó inmediatamente; ella se había quedado varios días, hasta hoy.

Él la había llamado en la primera madrugada para decirle que había llegado sin contratiempos a casa, en ese momento se enteró que ella había decidido quedarse en la casa del Perro, un viejo amigo de la facultad, quien seguía soltero y viviendo solo. Aunque se inquietó un poco decidió no darle importancia a la suspicacia y confiar en ella.

Al otro día te quedaste en casa de tus padres, se dijo entre dientes, después con una amiga donde se reunieron con viejos compañeros de trabajo en una noche larga, con baile, alcohol y discusiones de rigor.

El repaso lo incomodó, trató de averiguar por qué. No tenía celos, no le molestaba enterarse sobre los hechos consumados: ella dormía en casa de un amigo y no con sus papás o con Laura, como habían quedado; no le fastidiaba que se fuera de fiesta con sus amigos, que perdiera la cartera y el dinero, no. Pero recordaba la llamada telefónica del jueves donde ella manifestaba un jugueteo celoso por los comentarios lanzados de sus amistades femeninas a su última publicación en el Facebook.


Entonces sintió rabia de sí. Enojo con su falta de libertad a la que él se había ceñido, a las barreras ideológicas que había puesto en su alrededor. Entonces decidió no esperarla más. A pesar de que la predicción de frente frío empezaba a hacerse realidad, que una espesa neblina envolvía a la terminal, y sin importarle que el chipi-chipi arreciaba amenazando con fuerte tormenta, salió de la terminal, dispuesto a perderse para siempre en una geografía que le era ajena y con rumbo desconocido.

jueves, 3 de noviembre de 2016

"Casto" galanteo

Casto galanteo


Ingenuo al fin
Observo una sonrisa y asumo invitación
Incuestionable, digo

Inclinación usual, al acercarme veo
Forma de ser
Abierta convivencia
Sonrisa franca
Palabra dulce
de gracia natural

La insistencia se alienta en el prejuicio
Inconsciente presiono
–no lo asumo–
La negación no acepto de respuesta

Sensata madurez, la de ella
Equilibrado andar en pasarela
Ponderada mirada que define fronteras
Sin agrietar contornos 

La camaradería se disfraza instintiva
Zalamera, imprudente
El acecho es constante
Para mí, natural

Sorprendido por la fraterna crítica
Por la voz firme, sin rimbombancia:
La negación ha sido la respuesta

Cándido al fin
–inteligentemente–

No acepto las calumnias

Destierro sin frontera

Destierro sin frontera
                                    Artemio Ríos Rivera

Cubo incoloro
Filosas aristas repelentes
Cotidianas las desconocidas paredes internas
Asfixiantes  
Imposible ruptura con mis escasos huesos
encierro en imaginarias fronteras
destierro de mí
enclaustrado en el polvo de la palabra

Uniforme tersura rígida, implacable
Alto vacío
Ni siquiera el eco me devuelve tu nombre

Nominación del mundo
Seudónimo de cosas que no son en sí mismas
la vida inexiste más allá de tu límite
aislamiento emocional
que me deja minusválido
sin tasar el valor de una mirada
autodepreciación total
desprecio
ignorancia sistémica  
que me imposibilita ser
Yo o un otro

Golpeteo en puertas simuladas
paredes
ventanas fatuas
otra vez no encuentro resonancia de mi nombre
no sé cómo me llaman
sin título me presiento nada
un nadie
ahogado en la fatuidad delirante

Que puedo ser si no soy más en tu boca
En tu palabra
En tu verbo y acciones
Todo es rugoso, nada fluye


¿Qué brebaje catar?
Si la fuente de vida se seca con el tiempo
Con su resequedad
                     mis agrietados labios
                                              lastiman los abiertos belfos
—sin vida— que nada ofrecen
y tampoco se niegan.
Resequedad del tiempo.

Cubo insalubre, aséptico
Escepticismo resquebrajado
Impenetrable indiferencia
Sin relación alguna
En aislamiento

¿Cuál es la esencia que lubrica la vida?

Video del Ejido San José

Evidencia a mitad del proceso...