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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Poesía o barbarie.


Poesía o barbarie: apuntes sobre la responsabilidad social de la poesía.
Artemio Ríos Rivera

Una razón literaria,… , es la fuente del espíritu que da cuenta de la radical ambigüedad de la vida, de su complejidad, de sus paradojas y de sus contradicciones, un espíritu que posee como única certeza la sabiduría de lo incierto.
Mélich parafraseando a Husserl

Para hacer un acercamiento a la función social de la poesía podríamos aventurar afirmaciones inciertas, por ejemplo, no sería  una exageración decir que la lírica es tan antigua como la vida misma, sin duda podrá ser una imprecisión histórica, pero nada más. También es un lugar común afirmar que data de la formación de la humanidad, habrá quien proponga mayor rigor en cuanto a la existencia de la poesía en la faz de la tierra, entonces podemos aventurar: tan antigua como el lenguaje o como la palabra o como la escritura, todos momentos diferentes y claramente diferenciados. Podemos hablar de la palabra como fenómeno social, evolutivo o como la voz divina, creacional, fundadora del mundo según algunas religiones; a lo mejor sería más preciso decir que la poesía es tan añeja como los sueños, sin ella el sueño no existiría, y también viceversa. Así, posiblemente podemos afirmar que antes de la poesía fue la barbarie. Aunque es una fuente inagotable, también podemos afirmar que después de ella solo está la barbarie. Aunque podamos ser categóricos en cualquiera de las anteriores afirmaciones, lo único cierto es que todo es incierto. Esto no quiere decir que no podamos problematizar y poner elementos sobre la mesa para la toma de posición al respecto.

Claro que hay dudas para afirmar si fue primero la sociedad o el sueño de lo social.  El sueño poético, esa visión, también en el insomnio, de lo desconocido, donde atisbaba la premonición de un futuro incierto, latente semilla, al fin y al cabo, de la esperanza de ser. La poesía nos hace ser, por eso el poeta está tan emparentado con el filósofo y éste con el lenguaje metafórico. Las creencias, los anhelos y deseos más recónditos e inconfesables se materializan en la  inmaterialidad del sueño poético, y aún en su vigilia.

En el principio fue la poesía, si la palabra no se hubiese convertido en canto lírico, alegórico o quimérico, aún estaríamos en la barbarie, primigenia si quieren, edénica como la comuna primitiva, pero barbarie al fin. Sin poesía, sin esperanza, sin desesperanza. Habrá quien afirme, y con razón, que el actual estado de las cosas no está muy lejos de esta brutalidad humana, aunque la bondad y la maldad son igualmente inhumanas según Ítalo Calvino[1], sin embargo tenemos la poesía, hay esperanza de quién sabe qué.

Parece que el lenguaje le da voz a la poesía, pero no, la poesía le da voz al lenguaje, entonces la metáfora (esta transferencia de significados de objeto a objeto), la metonimia (ese cambiar el nombre identificando la parte por el todo y viceversa), la sinécdoque (esa cualidad inherente a la totalidad donde dos partes son integradas cualitativamente en un todo) o la ironía (ese juego disfrásico que cambia el sentido, autonegándose verbalmente, ese equivalente a una metáfora absurda digamos); le dan voz a la ciencia, a la filosofía, a la historia, a las manifestaciones artísticas y a la crítica literaria para nombrar nuevas realidades y viejas utopías. Le dan sentido a la voz de la humanidad.

Así, el lenguaje poético nos asiste para abordar la realidad y sus irrealidades. Una convención comúnmente distinta a la normal que nos ayuda a interpretar el lugar común, el cotidiano y el extraordinario.

La poesía es, además, una armadura con la que instintivamente se defiende la humanidad de sí misma, una herramienta que le permite acercarse a la dimensión exacta e indeterminada, palpable e intangible de las cosas creadas o imaginadas. Es un escudo contra la barbarie.
Pensando en que los discursos encarnan, es decir, tienen un sujeto dicente, son alguien, una voz, en el caso de la poesía no debería importar tanto el poeta, lo que importa es la voz poética que nos acerca a la angustia, al odio o la piedad a la sensible existencia del otro, a su praxis. Para enfrentar la mentira o los autoritarismos. Para convivir con la muerte o con la vida. Para bregar contra el olvido tenemos la poesía.

Tiene sus paradojas, contiene sus tensiones. No podemos negar que puedan existir poemas y poetas, que en ocasiones lindan en los veneros de la jactancia, la arrogancia, el distanciamiento con el otro y su negación. Pero eso no tiene que ver con el sueño poético fundacional sino con la pesadilla apocalíptica. No tiene que ver con ser o no revolucionario, moralista, individualista o aristocrático.  Aunque la poesía se enuncia desde el yo más egoísta, me parece que desde la lírica más elemental el yo no puede ser sin el otro, la voz poética no es en sí misma sino en función de su receptor, el otro, el individuo, la sociedad, la humanidad. Porque los poemas siempre son de los otros, siempre están inconclusos, no estamos hablando solamente de la recepción; la poesía siempre es de los otros aun cuando esos destinatarios no la lean, no la actualicen, no la hagan suya o la repudien; la poesía y la voz poética siempre estarán más allá del poeta, el otro siempre hará una conclusión provisional del poema. Así, señala Mélich, “La razón literaria está abierta a la sorpresa, al cambio, en una palabra, a la alteridad, al acontecimiento del otro”. Por eso la tensión, el eco de las voces, más allá de los tiempos, las corrientes y las distancias, por ejemplo, entre Bécquer y Rosario Castellanos: Poesía eres tú y no eres tú. ¿Quién tiene razón?, ambos aunque sus afirmaciones sean polares. Así nos situamos ante uno de los medios subjetivos más insolentes para decir relativas verdades. O uno de los medios objetivos más elegantes para decir insolencias, “¡A la chingada las lágrimas!, dije/ y me puse a llorar/ como se ponen a parir” dice Sabines. “Ya yo me enteré, mulata/mulata ya sé qué dice/que yo tengo la narise/como nudo de cobbata” ¿Podemos decir que Guillen escribe mal por el texto anterior? Con intencionalidad la poesía usa y trasciende las convenciones del lenguaje, nada podemos reclamar al poeta cubano, al contrario agradecemos su voz poética. Podemos acaso restar importancia a Bukovski cuando aconseja a los aspirantes a poetas: “tienes que follarte a muchas mujeres/bellas mujeres/y escribir unos pocos poemas de amor decentes/ 

y no te preocupes por la edad 
y/o los nuevos talentos./  sólo toma cerveza y más cerveza”. ¿Quién puede excluir a quién, sin caer en la reacción, en la barbarie?, sin embargo considero que la función social de la poesía es innegable, su presencia es contra la barbarie.   


La poesía congrega y disgrega, apuntala y derriba,  da y quita la fe.

Aunque caigamos en la tentación crítica de hablar de la decadencia de la poesía, no podemos decir que la poesía sea decadente, porque no responde a los criterios de la prosperidad o del progreso, creo que si el texto es superficial, vano, sin vocación ardiente no es poesía. Cuando la palabra es honesta, entonces es socialmente útil, y no se trata de plantear una concepción cosificada, instrumental y utilitarista del texto poético. La poesía no resuelve, problematiza. No soluciona los problemas fundamentales de la vida humana porque, aunque cumple una función social, no se lo propone. No grita la imaginación al poder, es el poder de la imaginación. No teme a la “ausencia de puntos de referencia estables o definitivos” como plantea Mélich.[2]

Para la poesía la interpretación y los mundos son abiertos por eso no puede ser doctrinaria, puede sí responder a imperativos éticos, aunque éstos sean solamente estéticos, pero su vocación es la libertad de pensamiento por eso la incertidumbre de la creación poética, no es dogmática, siempre será ambigua, contingente y una mítica destructora de mitos.

Aunque juegue a hacerlo, la poesía no puede olvidarse de los que son y viven en el mundo que son múltiples rostros y lecturas. La poesía es trasformación que se inventa a sí misma en el acto redivivo de la creación. Posibilidad de apertura hacia nuevas temporalidades, hacia espacialidades inéditas, hacía cosas y situaciones inciertas.

Sensible a la existencia del otro. Es una praxis. Emoción, emotiva; de inútil apariencia. Lo simbólico. Es transgresión, inapresable por eso la relatividad del presente texto.

Del texto poético emergen mundos posibles donde se sumergen muchos universos. La  poesía, así sea narrativa o conceptual, es síntesis de lo diverso, polifonía y polisemia; eco, intertextualidad con los mundos conocidos y desconocidos, con lo dicho y lo callado, es, parafraseando a Marx[3], síntesis de múltiples determinaciones, unidad de lo diverso, se manifiesta como concreto real y de pensamiento. La poesía es síntesis y punto de partida, es creación y es creadora.  Es creación del mundo, de la materia, pero también es creadora de mundos intangibles y materiales. Es sueño, pero puede ser pesadilla; aunque uno no sepa para qué es indispensable la poesía, creo que no hay duda en la disyuntiva: si no hay poesía sólo nos queda la barbarie.

Tratando de resumir, el poeta no debe aspirar a valer más que nadie más, pero debe luchar por tener un lugar en el mundo, para él y la poesía, que no lo excluya y no excluya a los otros, aunque haya debate, negaciones, tensiones. Tiene que luchar para que la poesía siga estando en el mundo, debe asumir un compromiso contra la barbarie. La poesía no renuncia al conflicto. Aunque es difícil que la horizontalidad sea, además de una realidad, una aspiración honesta, el poeta debe situarse, hablar desde la horizontalidad con los otros. La poesía es social sin ser necesariamente política, aunque hay una corriente poética que llamamos poesía social. No vale más un texto poético por ser conceptual o narrativo, explícitamente revolucionario o amoroso, provocador o apacible, trasparente o rebuscado, lo importante es la honestidad del texto, su originalidad, su calidad estética, su interlocución con la otredad, su capacidad de decir y ocultar, sugerir. Los imperativos éticos de la poesía pasan por lo estético, por el dialogismo con el otro, por el compromiso social. El poeta debe mirar al otro a la cara, pero no verse a si mismo en el rostro del otro, debe buscar la diferencia, de otra forma el ejercicio es inútil y puede caerse en la soberbia, en la egolatría. El texto poético es provocación y remanso. El lenguaje poético puede ser revolucionario aunque trate temas disímbolos entre sí, como la poligamia, la monogamia o la poliandria. Importa el qué, pero sobre todo el cómo. Bueno se trata de compartir algunos apuntes sobre el tema, este texto se sabe relativo e inacabado, como la poesía misma.
Sin duda se puede optar por una corriente poética, una temática, es perfectamente válido, se puede hacer del amor o de la poesía política un compromiso existencial, una militancia; es algo normal, muchos poetas, canónicos o poco reconocidos, lo han hecho y han contribuido al ser en el mundo de la poesía, no tenemos que espantarnos o negar esas posibilidades tampoco. Personalmente me adscribo a la frase pronunciada por Rick Blaine (interpretado por Humphrey Bogart) en el filme “Casa blanca”, cuando el nazi Strasser le pregunta su nacionalidad, la respuesta es: Soy borracho; el prefecto de policía Louis Renault (Claude Rains) remata, Eso lo convierte en ciudadano del mundo[4]. La poesía es patria y matria a la vez. No hay problema entre nacionalidad y ciudadanía. Así es  mi nacionalidad en la poesía, soy borracho, ciudadano del mundo poético. Me identifico con la poesía como un todo fragmentado, aunque mis lecturas o producciones puedan ser parciales y se me pueda etiquetar de partidario de una fracción, mi aspiración es no tomar partido por algún segmento de la poesía.

  Xalapa, Cd de México, Chilpancingo. Noviembre de 2013.



[1] Esta afirmación la hace Ítalo Calvino en su novela El vizconde demediado.
[2] La sabiduría de lo incierto. Sobre ética y educación desde un punto de vista literario.
[3] Contribución a la crítica de la economía política.

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