lunes, 2 de octubre de 2017

Anónimo mausoleo

ANÓNIMO MAUSOLEO


Artemio Ríos Rivera


Sepulcro
        Piedra sobre barro
                    Protuberancia terrenal
                                             Granosa Sepultura

Fosa común de nuestros sueños
                     Desaparecidos
                                              Desterrados
Levantados con violencia al quicio de la cama
                  Ilusiones dispersas
Como violento soplo ante un diente de león

Urna maderable
         Robles en corpus semejados
                    Violentas piras de calcinadas almas
                                   En imaginarias incineraciones

Andas de encajonadas varas
              Subterráneos cohetones
                        Destellantes clamores
                                 Que diseminan quejas
                                           En marchas de relevos

El atentado estalla en manos de los deudos
Maldito Leviatán
               Monstruo de mil cabezas
                                 Homicida dispuesto
                                                   Al genocidio selectivo
                                 Indiferente
              Masivo  

Nuestras manos no están vacías
            Son una red de agujeros
       Que escurren de recuerdos

En andas por las calles
                 En procesión de gritos
                                        De dolor y de rabia
                                                       Velamos los difuntos

En volandas los muertos semejan
                                     Banderolas
              Antorchas de la ausencia
Mudas consignas retumbando en asesinos tímpanos

Cuanto dolor invade nuestras calles
                                                    Campos
                                                    Y catedrales

Me ahogo,
Que terrible agonía
                      Asfixia aletargante
                                   Los dedos no responden

                                          Y se niegan las letras a salir de mi boca

jueves, 7 de septiembre de 2017

Taller de escritura con docentes. Antología Poética.

Antología Poética*


OSITO OSÓN
                               Cleotilde Edith González Garrido

Ay oso Osito, Osito Osón
Cuántas tantas, tantas gnas de un abrazón
Aquí la ternura de un corazón
Ay oso Osito, Osito Osón
Y yo tiernamente diciendo que no.

Porqué negativa ¿Y por qué razón?
Porque a estas alturas ¡ya existe temor!
Tú dices, no temas ¿Por qué aprehensión?
Mas yo digo espera ¡No tanta presión!
Tú dice que ahora. Yo digo: ¡Coacción!

Ay oso Osito, Osito Osón
Ya llegará el día de aquel abrazón
Pues oso e peluche amerita acción
Pues oso e peluche con una canción
Pues oso e peluche en esa ocasión
Cantemos, bailemos y hagamos danzón.

SÓLO EL CONEJÓN
(El Tego)

Viven en su cueva
Cerca del panteón
Conejito chiquito
Y un poco panzón
Su hermano güerito
Y un poco cabrón.

Salen a pasear
 Detrás del islote
Conejito no la ve
Se siente mensote
Su hermano muy suave
Ya es Conejote.

¡Hola! ¡Hola!
Mueve su colita
¡Hola! ¡Hola!
Dice Conejita
¿Cuál es tu nombre?
¿Por qué tan solita?

Espero mi rima
Me llamo Lolita.
Muy decepcionada
Sube la lomita
Su hermano se acerca
Susurra bajito
Soy Conejito
Y soy precavido
Muy juntos rimamos
 Y eso es emotivo.

Adios Conejón
Nos vamos a su cantón.









CEBRITA Y CEBRÓN
Janet Santiago

Va la Cebrita
Bonita y chiquita
Alegre y contenta
Va la andariega.

Se encuentra Cebrita con el Cebrón
En un oscuro callejón
Los dos muy gustosos
Se van al danzón.

Cebrón, Cebrita
Cebrita, Cebrón
Contentos pasearon
Por el malecón.

TRIGRITO, TIGRÓN
Octavio Sánchez Barrera  

Tigrito, Tigrón se va navegando
Navegando, platicando
Siempre jugando.

Gritando, gritón
Dormido, dormilón
Pero siempre su canción
En el corazón.

Lo miran pasando
Lo miran cruzando
Siempre sonriente
Él va saludando.

Nada nos dice
Nada nos cuenta
Pero la gente
Siempre comenta.

COCODRILITO Y COCODRILÓN
                               Laura Citali Morales

Cocodrilito y Cocodrilón
Se volvieron citurón,
No hubo tiempo para viajes
Ni festines ni el amor.

Algún día fueron reyes
Amigos de Faraón,
Degustaban ricos bueyes,
Eran del Nilo, atracción.

Ahora, pobres coquitos,
En la repisa descansan
Sólo les queda el deseo
De abrazar una gran panza.

TOPITO TOPÓN
La historia de un gigoló
                               Christian D. Domínguez Rmz

Topito, Topón
Andando en la tierra,
Buscando a un matón
Le ha metido ritmo
A su cuerpo pelón,
Si ha de morir a tiros
Que sepa el mundo
Lo que es de chingón.

Topito, Topón
A cuántas has dado un poco de amor
La primavera ha llegado a tu corazón,
Bendito tú, que siendo ciego
No escoges el mejor cuero,
Traca, traca que suene la mtraca
Peluda y pelona de ti no se escapa
Ah Topito, Topón
Ni a la mujer del vecino le das el perdón
Has de morir perdido, echando pasión…

CHANGUITO, CHANGÓN
Yadel Pulido Cuervo

Changuito, Changón
Que trepas contento
Al arbolito y al arbolón,
Tu cola enredas
Eres juguetón

Changuito, Changón
¿Qué andas buscando?
Un platanito o un platanón
¡no seas goloso!
Changuito, Changón

Me gusta mirarte
Trepar y trepar
Regresa a tu árbol
Changuito, Changón.

CALDO AL BANDONEÓN
(Aventuras de Buhito y Buhón)
                               Tania Mora Palacios

Buhito enojado,
Buhón un burlón
El uno es arisco,
El otro ¡ay, que ojón!
Ambos bailan tango
En un callejón.

Buhón pega un grito,
Buhito: ¡¿Sí, señor?!

Bailan, bailan, bailan
En un callejón.

Buhito se cansa,
Buhón barrigón,
Pide que no pare
Aquel bandoneón.

En la oscuridad
Y hambrientos los dos
Buhón y Buhito,
Buhito y Buhón
Esperan que pase
Aunque sea un ratón.

Buhito aletea
Alerta a Buhón,
De lejos se mira,
¡ahí viene un ratón!
Buhón y Buhito
Bandidos los dos,
Asaltan y aliñan
Al pobre ratón.

Ambos lo preparan,
ambos, digo dos
Bailan y cocinan
caldo de ratón.

Bailan tango libre
Y el caldo que horror
Lo olvidaron ambos
Por el bandoneón.

Buhón y Buhito
Esperan los dos
Esperan la noche
Les traiga un ratón.

TUCANCITO, TUCANZÓN
                               Marcela Vásquez Zamudio

Te veo chiquito, chiquito y panzón
Eres hermoso, hermoso
Chiquito de mi corazón.

Pico colorido tú tienes tragón
Comes, y comes y me dejas
Tu canción
Poco dinero tengo en mi colchón
Pues comes y comes como un gorilón.

AVENTURA DE PAJARITO Y PAJARÓN
Reynaldo Ramón Zagal Ménez

Van volando muy juntitos,
Pajarito y Pajarón
Van volando hacia el tejado
Entonando una canción

Muy contentos aleteando
Al compás de mi relog
¡qué se encuentran con un gato!
Pajarito y Pajarón
Él muy presto va a cazarlos
Sin tentarse el corazón

Aparece bravo galgo
Y termina la función
La aventura de mis pardos
Pajarito y Pajarón.

CERVATITÓN
Liliana Márquez

Cervatito y Cervatón
Dos animalitos caminando
Van en busca de Melón
Para armar un pachangón.

Cervatito y Cervatón
Comiendo se encuentran
Uno come tranquilo
El otro es muy tragón.

Cervatón y Cervatito
Cervatito y Cervatón
Se van al maratón
Dándose un empujón.

VENADITA-VENADOTA
Gina Ehuan Estrella

Todas las mañanas
La Venadita
Está sentadita
Dispuesta a escuchar

Cantan los pájaros
Canta el sapito
A la hermosa Venadita
Le encanta escuchar

LORITO, LORÓN
Yadira Landa Hernández

Lorito y Lorón
Son dos hermanitos de buen corazón

El uno, bonito
El otro feón
El uno es alegre
El otro enojón
Están con nosotros
en esta ocasión

abriéndonos su corazón
con gran emoción

Lorito y Lorón
Pelean en esta ocasión
Con gran efusión

Lloraba, lloraba
Loro Lorón
Porque Lorito
Gano la discusión

VENADITO VENADÓN
César Acosta Hernández

Anda en sus cuatro patas
En tibia tarde dorada
Salió a recorrer el río
En la orilla despoblada.

La corriente resbalaba
Presurosa y cristalina
Como hermosa bailarina
Sobre las piedras bailaba

Venadito, Venadón
En su andar sigiloso
Prevenido y desconfiado
Con el corazón espantado

Iba a la orilla del río
Con expresión temerosa
Asustado, tembloroso
Dispuesto a beber el agua

Sus latidos se aceleran
Al ver llegar a su amor
A la orillita del río
Venadito Venadón

ELEFANTITO, ELEFANTÓN
Laura Rodríguez
Elefantito y Elefantón
Son dos animalitos
De buen corazón

Uno es enojón
Y el otro tragón

Elefantito y Elefantón
Son dos amiguitos
El primero es un amor
Y el segundo es mariposón

Elefantito es orejón
Elefantón es un pelón
Y juntos van por el camellón.

JIRAFITA JIRAFÓN
Flor María Madrid Cerón

Va Jirafita corriendo
Por el balcón
Corriendo jugando
Con el balón
Llega Jirafón:
No corras hermano
Por el balón
Pues puedes caerte
Por ese balcón

Jirafita y Jirafón
se van muy contentos
por el callejón
corriendo y saltando
atrás del balón.

LOS TRES AMIGOS
Rosalba Fernández García

Entre los montes se asoma
Corre Caminitos, corre Caminón
Buscando a su amigo el buen león.

Fueron invitados a un gran festejón
Solitos no quieren llegar al portón
Corre Caminitos, corre Caminón
La puerta se cierra al tres pa las dos.

Les sirven la sopa en un gran tazón
Toditos cantaron de la emoción
La fiesta termina en un gran bailón
¡Corre Caminitos!, ¡corre Caminón!
Les grita el león: ya se asoma la luna
¡Corramos! ¡Corramos!
Por los laberintos de estrecho cañón.

LEONCITO Y LEONSÓN
Teresa Lys Vázquez

Despiertan temprano,
Junto con el sol,
Los dos hermanitos,
Leoncito y Leonsón.

Como cada día,
Comen un montón,
Primero carnita,
¡Luego el huesón!

Caminan despacio por el sendero
Que lleva hasta el río
Donde se echan un buen chapuzón
Leoncito y Leonsón.

Se van muy juntitos los dos,
Uno tiene sueño, el otro calor,
Primero Leoncito se duerme veloz,
Después cae rendido,
El viejo Loensón

VENADITO VENADOTE
Luz Adriana

Venadito, Venadito
Qué cuernos tan grandes tienes
Tu piel es tan hermosa
Como tus grandes ojotes

Corre, corre, por el bosque
Con tus alargadas patas
Corre, corre a protegerte
De las grandes garrapatas

Venadito Venadote
Corre, corre a la manada
Porque te dejan sin nada

Venadito Venadote
De cola blanca
El más grande de la manada
Corre, corre ve a buscar a tu amada.

GUAJOLOTE TOTE
                               Lya Magdalena Sánchez López

Guajolote Tote
¡Ah! Que valiente muchachote
Te la vives pavoneando
Pavoneando cual pavote
Cuidas tu harem
¡Sabes que todos te ven!

Con la cola extendida
Las alas abiertas
Te sientes valientote,
Pero en la primera aplaudida
Se te escapa un gritote
Guajolotote Tote
¡Qué valiente muchachote!

Al camino telanzas, todo gallardote
A los niños pequeños haces chanzas,
Picoteas y asustas, ¡eres el azote!
¡Te digo clarito Tote!
En la cuadra: ya ni los perros te aguantan

Guajolote Tote
¡Qué valiente muchachote!

SEÑORÓN
                               Jenaro García y D

Venadito Venadón
Salta, salta
 Es un ciclón
Venadito Venadón

Corre, corre, correlón
Corre, corre, es retozón
Venadito Venadón

No es tontín
 Es un listón
Venadito Venadón

Café blanco es biberón
Altivo, grácil, fortachón
Es un señorón
Venadito Venadon

MI HIPOPÓTAMO CHINGÓN
Marta Mendoza Jimenez
Hipopotamito Hipopotamón
De bebecito a gigantón
Tienes cuatro patitas y un trompón
Hipopotamito Hipopotamón
Corres corres un montón
Tan pelocito y tan molón
Hipopotamito Hipopotamón
Glotoncito que te aprieta el calzón.

LOS CANTANTES: GORRIONCITO Y GORRIONZÓN
Elizabeth Hernández Viveros

En lo alto de un pinito
Estaba un Gorrioncito panzón,
Sin saber que muy cerquita
Lo miraba un Gorrionzón.

Ambos cantaban bonito
Y alegraban la campiña,
Entonando un cantito
Que me gustaba de niña.

¡Ah! Que tiempos aquellos
En que vivía yo tranquila,
No pensando en los dineros
Ni tomaba yo tequila.

Lindos Gorrioncito y Gorrionzón
Griten fuerte en su morada,
Alegren con cánticos mi corazón
Cuenten que estoy enamorada.

ELEFANTINA, ELEFANTÓN
Dulce Jazmín Zamora Andrade

Desde la sabana
Hasta mi cantón.
Es la Elefentina
Un elefantón.

Trompuda y amarilla
Más grande que un león,
Resulta ser la presa
De ese trompudo animalón.

Se acuesta en mi cama
Destruye el colchón,
La mando a la sala,
 Se pone un pijamón.

¡Adios Elefentina!
Ya es de madrugada,
Te dejo dormida
Pero no en mi cama.

Yo te salvé del león
Y tu me cuidas del ladrón
¿Quién va a entrar a casa?
Con tremendo elefantón.

ENCUENTRO CON ELEFENTE DE CIRCO
                               Erika Herrera Díaz

Elefantito elefantote
Con lentas andadas
Caminante vas
Desde Mazapán
Hasta Tecolapán

Frente a ti, nada
Delate de ti, guía
Detrás de ti, estorbo

En las mañanas extraño
Por las noches asombrante
Talentos como de ñoño
Y bailes deslumbrantes

Elefantito elefantote
Gustosa en conocerte
De niña con ilusi{on
Y de grande con pasión.

CABRITO Y CABRÓN
                               Walter Baez

Cabrito y Cabrón
Jugaban al cricket con un esternón
Eso en el recreo, el día de hoy
Su maestro dijo: no pueden jugar
Lo que significa ya deben buscar

Cabrito hizo caso y cuenta se dio
Para ser sinceros, mucho se aburrió
Siguió su rutina con gracia y valor

Los libros me chocan, arguyó Cabrón
Prefiero inventar la significación
Cabrito repuso, eso no es de fiar
Porque de esa forma nadie entenderá
Con que yo me entienda, repuso Cabrón
Me basta y me sobra para mi canción

Canción o poesía, eso no es posible
Cabrito reniega, lo juzga increíble
Cabrón continua si más distracción
Terminó creando un buen Mogollón.



*Taller impartido el 1 de septiembre 2017
Escuela Secundaria Técnica 105, Xalapa, Veracruz.


lunes, 7 de agosto de 2017

En defensa del patriarca

En defensa del patriarca[1]

Artemio Ríos Rivera

Edipo rey, de Sófocles, como muchos de los textos que hemos recuperado de la Grecia Antigua, ha instaurado tópicos literarios y denominaciones científicas o literarias para nombrar diversas realidades que suceden en el mundo actual, para crear metáforas que mueren ante la validez universal.

Fundamentalmente se ha estudiado mucho la figura de Edipo y su relación con el parricidio y el incesto. A partir de la figura de este personaje se han recreado muchas obras literarias, ya sea en poesía, dramaturgia, novela o en las artes gráficas y la música, por decir algo. Se han recuperado figuras femeninas como Yocasta, pero, sobre todo Antígona que con su juventud y rebeldía muestra la tensión contra lo establecido.

Creo que se ha dicho poco de Layo. No nos detengamos en las versiones de su origen ni en la maldición de Apolo, al fin el oráculo de Delfos le dirá en su momento a este Rey, cuál es el destino de su hijo y, por tanto, el suyo propio.

Sin duda, puede parecer una provocación y ser políticamente incorrecto reivindicar a esta figura patriarcal, a esta autoridad fundacional del Reino de Tebas. Propongo ir al revés: antes de plantear alguna tesis, recordemos la función del personaje en la mitología griega.

Como todos sabemos, en la época antigua el poder no se confería por medio de elecciones. El poder se trasfería por herencia de sangre. Por eso, los reyes necesitaban tener hijos y que el primogénito fuera varón, para poder transmitir el trono a su muerte -sin pugnas violentas- y conservar esa gloria por la vía patrilineal evitando que algún pariente lejano o extraño se haga de la corona.

Por lo anteriormente señalado, se puede inferir que Layo, como buen rey, necesitaba un hijo varón. Así lo decide y, en previsión, decide consultar al oráculo sobre el destino de su descendiente, todos conocemos el trágico vaticinio: Tu hijo matará a su padre y se acostará con su madre.   

Lógicamente, ante tales advertencias el Rey decide no tener un hijo, por el momento. Sin embargo, más adelante Yocasta, su esposa, queda embarazada. La leyenda nos dice que por efectos de la embriaguez Layo engendró a Edipo. Desde una lectura simple, esto implica que el hijo no fue planeado ni deseado por su padre, para efectos de este texto no nos detendremos a especular sobre la figura femenina y su voluntad al respecto.

Una vez que ha nacido el hijo, Edipo, Layo vuelve a consultar al oráculo. La respuesta es la misma, el destino no ha cambiado. Su hijo le va a quitar su reino, le va a quitar a su mujer y le va a quitar la vida. Entonces, como en los viejos cuentos de hadas el Rey manda a matar a su hijo, le atraviesa fíbulas en los pies dándolo a unos pastores para que lo abandonen y muera, según algunas versiones de estos míticos personajes. Pero, como en los viejos cuentos de hadas, el hijo no muere. Pero sí hay el denominado alejamiento.

Edipo es cuidado, como un hijo, por el rey de Corinto y su esposa.  Con ellos crece y al llegar a la edad en que es necesario conocer el destino, Edipo consulta al oráculo con los mismos resultados antes conocidos: le quitarás el reino a tu padre, te acostarás con tu madre y le quitarás la vida a tu padre.

Asustado por la profecía y movido por el amor que tiene nuestro héroe a sus padres (adoptivos), decide huir de la casa y con eso abjurar a su destino. Edipo emprende el viaje. Hay incidentes cotidianos de la vida actual que nos parecen producto de nuestra época, pero no, mirando un poco al pasado nos damos cuenta de que son conductas con largas raíces en el tiempo: en un cruce de caminos, el rey Layo y su comitiva se topan con Edipo y se arma el pleito por ver quién pasa primero. En el enfrentamiento, Edipo mata a Layo y decide seguir en su huida del destino.

Al mismo tiempo, el reino de Tebas se encuentra en crisis. La Esfinge se ha apoderado de la entrada al reino, como castigo de la diosa Hera a un desliz homosexual del Rey, según versiones. Este monstruo femenino devoraba a los hijos del reino que no sabían contestar a sus acertijos. La única forma de que los tebanos superarán la situación era venciendo a la Esfinge en sus preguntas.

Edipo sigue su peregrinar y se encuentra en las montañas del oeste de Tebas donde la Esfinge le plantea una pregunta que es respondida correctamente, quedando vencida por el joven viajero. La ciudad se libra de sus males y, ante la muerte de Layo, es entronizado Edipo haciéndose cargo del reino y de la reyna Yocasta, su madre.

El joven gobernante procrea cuatro hijos con Yocasta, o cuatro hermanos, según se vea. Al paso del tiempo las calamidades vuelven asolar a la ciudad. Ante la problemática el rey Edipo consulta al oráculo para superar la nueva crisis. La solución es simple: dar con el asesino del rey Layo.

Edipo lanza un edicto para dar con el asesino del Rey, si el autor del magnicidio se entrega, será desterrado; si no se entrega y es descubierto su pena será de muerte. Para indagar sobre el asunto, Edipo emplaza al ciego Tiresias para ayudarlo a descubrir la verdad, para dar con el asesino.

En contra de su voluntad, el adivino le hace ver a Edipo que él es el asesino de su padre y que ha estado “conviviendo muy vergonzosamente” con Yocasta, su madre y esposa. Un destello de iluminación hace ver a Edipo lo que ha pasado, el destino se cumplió: mató a su padre, se quedó con el reino y se ha casado con su madre. Arrepentido, para no ver eso que antes no sabía, se arranca los ojos y se destierra del reino.

Bueno, así la anécdota en general, variantes más o variantes menos. Recordemos que estamos ante un elemento literario que no necesita evidencias y, como las leyendas, sufre cambios que no afectan lo sustancial de la trama. No estamos hablando de historia sino de literatura.

En una sociedad patriarcal como la nuestra el hombre es el que se va, el que abandona, el que mata, el que perdona, el que gobierna, el fuerte. Desde mi interpretación de la tragedia de Layo (para otros será de Edipo o de Yocasta, según se vea), se trata de la desventura del padre. Si nos preguntamos por qué Layo manda a matar a Edipo, la respuesta puede ser –otra vez- muy simple: para salvar su vida, su reino y la posesión de su mujer. Yo creo que esa no es la única respuesta posible.

Desde mi perspectiva, Layo quería tener un hijo no sólo por razones de Estado sino por razones personales, íntimas: él quería ser padre, tener un descendiente. Cuando el oráculo vaticina el destino de su heredero y el Rey decide, primeramente, no tenerlo, no es para salvarse él de la muerte sino para salvar a su hijo del destino.

La embriaguez de Layo al engendrar a su hijo es el canal para dar paso a su deseo, quitar las amarras racionales y el peso de la fatalidad. Edipo nació porque Layo quería ser padre, tener un descendiente, por eso se atrevió a tentar al destino. Una vez que nació Edipo es consultado nuevamente el oráculo sobre el futuro del niño, la sentencia sigue siendo irremediablemente la misma.

Cuando Layo manda a matar a Edipo, según yo, no es para salvarse él sino para salvar a su hijo del destino. El padre prefiere la muerte de su hijo a que el muchacho tenga que vivir como parricida, como incestuoso, como el usurpador de un reino. No se trata del fallecimiento accidental o por enfermedad, no del fin natural de una vida, sino de ser un fratricida. Claro, habrá quien diga: si su amor paterno era tan grande, ¿por qué Layo no se suicidó, evitando la tragedia de su hijo?, sí es un planteamiento interesante que nos propondría otros temas a debate: el suicidio y la orfandad. ¿Layo estaría dispuesto a asesinar al padre de Edipo? 

No hay evidencias de lo que digo. Además, no es fácil creerle a un hombre que quiere ser padre: es el primero en huir ante un embarazo; el primero en negar su responsabilidad. Aunque todo es relativo, es difícil cuestionar el deseo de la maternidad de la mujer, en general; si particularizamos la cosa es diferente, hay recurrencias y excepciones. Pero en nuestra sociedad es incuestionable la maternidad, como deseo o como hecho biológico. No así la paternidad.

Claro, las fecundaciones in vitro y las pruebas de ADN hacen que algunas afirmaciones se tambaleen. Pero, no es fácil creerle a un hombre que quiere ser padre y que es capaz de sacrificar su deseo y a su propio hijo, con tal de que el vástago no cometa las calamidades que la tragedia griega plantea.

Yo creo que a posteriori, desde un más allá imaginario Layo no condena a Edipo por haberlo matado, por haber cohabitado con su viuda y haberse quedado con su reino. Lo que Layo no quería ver era a un hijo arrancándose los ojos ante el arrepentimiento de lo hecho, de lo pasado. No quería que su hijo terminara como un mendigo desterrado, ciego, derrotado y cargado de culpas. ¿Qué padre puede soportar ver así a su hijo? ¿Haría cualquier cosa por evitarlo?

Simbólicamente todos somos un poco parricidas sobre todo en la juventud, en cada negación de nuestro padre, en cada reclamo, en cada sospecha de lo que nos quedó a deber. Al contrario, generalmente pensamos que algo quedamos a deber a nuestra madre.

El parricidio real se califica como un crimen inhumano, es decir, uno de los delitos que nos niegan como seres humanos, que niegan las bases más elementales sobre las que se fundan los más básicos acuerdos de convivencia entre las personas; lo mismo sucede con el incesto, más allá de que se hable de sociedades que lo practicaron en algún momento de su desarrollo. Por eso, la culpa de Edipo no es ‘cualquier cosa’, es algo por lo que cualquier padre, paradójicamente, daría la vida por evitar o mataría por ello.

Así, al situarnos en conflictos dramáticos, literarios, podemos jugar con las temporalidades para buscar comprendernos mejor. Como decía líneas arriba, a posteriori, Layo perdona a Edipo. No lo condena, incluso propone que puede morir en paz, si Edipo no se arrepiente de lo que ha hecho, así lo plantea la voz poética de mi poema “Layo II”.

Como avance de una reflexión que me propongo profundizar y que se desprende de la lectura del cuento “Fuera del círculo de tiza”, propongo el abandono paterno (o materno las menos de las veces) como la solución más madura ante el conflicto de intereses que pone como objeto del deseo al hijo. No es peleando hasta sus últimas consecuencias como se muestra el amor por un ser amado. Ni el abandono es, necesariamente signo de indiferencia o desprecio, puede serlo, claro.

El padre puede preguntar al hijo si le duele el abandono, la respuesta será, seguramente, afirmativa. Sin embargo, puede ser más dolorosa la no partida, la no resolución de un conflicto de pareja que puede tener secuelas de años o de toda la vida. Evidentemente, eso no lo sabremos, no podemos saber lo que no sucede, pero, podemos suponerlo, plantear la posibilidad objetiva de su acontecer. Después de una ruptura de pareja, el enfrascarse en la pugna por la custodia de los hijos puede ser sólo una lucha de egos; para cobrar agravios reales o imaginarios. Los hijos pueden ser elementos infalibles para el chantaje, un ‘botín de guerra’.

Se dirá que en esta historia no es protagónica la figura femenina, en efecto, no lo es. Estoy tratando de argumentar en defensa de un punto: la paternidad. Elemento desde donde, por desgracia, como sociedad hemos alimentado muchas asimetrías. En el Patriarcado se fundan muchas de las conductas sociales e individuales de las inequidades entre hombre y mujeres.

Estoy convencido que una parte sustancial de repensar la masculinidad pasa por repensar la paternidad ¿quiénes somos los hombres como padres?, aunque, como es lógico, no lo podemos pensar sin referencia a las mujeres, a su papel y el peso histórico que tienen en la educación y crianza de los hijos. Aunque ahora hay muchas cosas objetivamente posibles, antes impensables, la biología abona a la lejanía “natural” paterna. Layo no estuvo fecundando a su hijo en el vientre por días y días, no lo amantó de su seno. La “determinación biológica” parece ser un argumento de mala reputación, pero habría que repensarlo y dimensionarlo en un valor justo.

La relación entre los hijos y la madre no tiene cuestionamiento, existe con o sin el padre, pero la relación del padre con los hijos, ¿existe sin la madre?, más aún, ¿existe sin mediación de la madre? ¿Las mujeres están dispuestas a dejar el espacio necesario para que los padres nos hagamos cargo de la crianza, de la educación cotidiana de los niños?, ¿quieren escuchar que ya no vamos a la guerra y que deseamos el calor del hogar con niños jugando?, ¿cederá esa moderna Abraxas una parte del reino íntimo de hogar?


Referencias
Kurnitzky, Horst (1992). EDIPO un héroe del mundo occidental. Siglo XXI. México.
Propp, Vladimir (2008). Morfología del cuento. Colofón. México.
Ríos, Artemio (2011). Mujeres del nuevo y viejo mundo. Verso destierro. México.
Ríos, Artemio (2013). Rudeza innecesaria y otros cuentos adolescentes. Verso destierro. México.




[1] Versión preliminar.

Video del Ejido San José

Evidencia a mitad del proceso...