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domingo, 27 de septiembre de 2015

Parpadeos en la trayectoria del percusionista Rodrigo Álvarez Rangel

Parpadeos en la trayectoria
del percusionista Rodrigo Álvarez Rangel
     Yaneth González Landa

Concierto con la Orquesta Sinfónica de Xalapa. Sala Tlaqná.
Foto: Jorge Vázquez Pacheco.
La imagen de contento que proyecta un artista ante el escenario, el destello de luces y cámaras, lleva a preguntarnos qué hay detrás de ese mundo luminoso, y es que haciendo conciencia, labrar una profesión dentro del arte no es fácil, porque el tiempo y la dedicación que demanda puede traer consigo el peligro de dañar la salud física, a veces, también emocional. Algunos artistas se esmeran tanto por ser el mejor, que es difícil saber si la obsesión por tal motivo, es el síntoma o la causa para sentirse plenos. ¿Significa esto que un músico, por ejemplo, tiene que sufrir por su arte?...
Whiplash, música y obsesión (E.U. 2014), cinta que se adentra en el tema, despliega de manera puntual tal experiencia, para hablar de ello hemos recurrido a un músico, quien desde su muy particular punto de vista nos revela algunas de las puertas misteriosas en el ejercicio de su profesión, nos referimos a Rodrigo Álvarez Rangel, principal timbalista de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, desde 2010.
Su innato espíritu musical transmitido por ambos padres se vio reflejado en cada etapa de  vida. La primaria y secundaria escolarizadas fueron testigos adyacentes del instintivo ritmo de sus manos, que ya desde entonces ejecutaban lo que le dictaba su acompasada imaginación. Fue éste el momento decisivo para ingresar al conservatorio. De ahí en adelante, hasta la fecha, se apasionará por la gran variedad de tonos y diversidad de instrumentos de percusión que ha hecho sonar para nuestro deleite melódico.



Álvarez Rangel, emprendió sus estudios vocacionales en el Centro de Iniciación Musical Infantil de la Universidad Veracruzana. Al término de éstos, ingresó a la Facultad de Música donde obtuvo la Licenciatura en Artes opción Percusiones. Más tarde, fue becado por la Secretaría de Educación y Cultura y la Universidad Veracruzana para cursar, en Amsterdam, una maestría en la School of Music. A su regreso, participó en un concurso donde ganó una plaza para ser parte de la Orquesta Sinfónica de Xalapa. Actualmente, es catedrático de la máxima institución educativa de nuestro Estado.
El hoy timbalista orquestal ha trabajado bajo la dirección de reconocidos músicos como  Fernando Lozano, Carlos Miguel Prieto, Lanfranco Marcelletti, entre otros, para engranar obras versátiles de corte clásico, moderno, contemporáneo. El papel que desempeña en la sinfónica es tan significativo como el de los demás integrantes, en la ejecución y control de los intensos puntos de giro, que van de un delicado pianissimo a un potente fortissimo.
De esta labor que requiere suma disciplina y hábito de estudio, nos habla el maestro percusionista. Así inició la charla con el destacado músico.

Rodrigo, para introducirnos en los controversiales caminos de tu profesión, platícanos ¿cuál es tu punto de vista acerca de la cinta del año Whiplahs, música y obsesión?

Master ClassPercusión en la Orquesta Sinfónica.
Facultad de Música UV.
Foto: Yaneth González Landa.  
−Para mi, en esta ocasión el cine de Hollywood fue bueno para contar una historia y demostrar lo que quería. En ella se enfatiza muy bien la problemática que se llega a dar entre un maestro y un alumno. Llama mucho la atención por lo fuerte del tema.
Con relación al soundtrack seleccionado, me agradó, tiene paralelismo con la trama, aunque más bien creo que se toma de pretexto a la música para polemizar y mostrar, a quienes no forman parte de este medio, las experiencias que pueden tener algunos músicos a lo largo de su profesión.

En esta historia que bien proyecta realidades vividas en algunos conservatorios musicales ¿te identificas con algún personaje o momento climático?

−Me vi reflejado de los dos lados, como alumno y como maestro… Si recuerdo cuando era alumno, mi brújula se dirigía a saber más de música, a estar sediento de conocimiento. Todo lo relacionado con este fin era motivo de aprendizaje y de estar contento, por lo tanto cualquier método rígido o no, era secundario. El amor por la percusión sobrellevaba cualquier eventualidad. Y… como maestro he aprendido que a los alumnos, a veces, hay que darles ese impulso que les falta. Por ello, hoy en día, he tenido que ampliar mi horizonte para entender la necesidad de cada alumno que obviamente difiere de la personal, o no siempre es la misma que la de otros. 

−A veces el celo académico generacional, que se plantea en esta película, lleva más a la deconstrucción que a la construcción ¿Crees que en tiempos modernos se pueda acabar con ello?

−No lo sé. La soberbia y el ego siempre van a estar presentes en la condición humana, supongo que en la Edad Media existían, así como hoy. Por eso todo el énfasis, desde mi punto de vista, va sobre el amor a la música. No sobre un maestro o una pedagogía; o sobre una escuela o un conservatorio.

¿Será relevante obsesionarse por llegar a la cima de la perfección?

Ensayo con OSX. Foto:
Archivo Dir. Gral. del Área Académica de Artes
.
−No. Hoy en día no creo que la búsqueda de la perfección sea el camino. Todos somos seres imperfectos, aunque busquemos ser mejores en lo que hacemos.
El proceso que ahí señalan no es el único. Hay muchísimos alumnos que no pasaron por tal situación. Existen otras formas de enseñanza musical que son totalmente amorosas o bellas. No, no, no, sería falso pensar que todo músico aprendió de esa forma, sería muy pobre. Puede ser, no digo que no; sí hay momentos muy duros. Mas como todo en la vida, tienes tristeza, pero también tienes felicidad, y sería erróneo creer que porque un día estuviste triste ya no vas a ser feliz nunca más, o que no vale la pena vivir.

Haciendo una comparación con la realidad ¿piensas que la pelicula rebasó la carga dramática?

−No, porque han habido casos similares. Sin embargo, la situación está en comprometerse con la música y saber hasta dónde estás dispuesto a soportar la carga de trabajo o a tener que estudiar diez horas en un día; que la verdad pienso no es muy bueno, pero que en lo personal tuve que hacer... Sí, la música demanda mucho control y concentración, pero el fin es tocar el corazón de la gente que te escucha, y cuando te gusta lo que haces, puedes dar más de lo esperado.

Enfocándonos en la propia experiencia ¿Cuál es la parte más difícil de ser músico de profesión?

−Que en algún momento tu familia, amigos y pareja, pasan a un segundo plano… porque profesionalmente hablando, la música es muy absorbente, el estudio de un instrumento requiere casi de tiempo completo. Igual cuando estás casi seguro de que ganarás el único espacio que ofrece un trabajo y no es así, te desmoralizas completamente.    

¿Por qué de entre tantos instrumentos de percusión, tu actividad se centra en los timbales? 

−El campo de ser multipercusionista es muy amplio. Durante mucho tiempo toqué batería, triángulo, tarola, bongó, también incursioné en son jarocho, salsa, música afro y contemporánea, pero desde hace cinco años a raíz de haber ganado el concurso para ser timbalista en la Orquesta Sinfónica, centré más mi atención en esa actividad. La plaza que tengo es nada más tocando timbales.


Concierto con la OSX. Sala Tlaqná. 
Foto: Jorge Vázquez Pacheco.
¿Cómo describirías tu proceso creativo? y ¿cómo lo descubriste?

−Ah…Muy interesante. Para mí ese proceso creativo se vuelve a realizar en cada concierto. Una y otra vez lo vas creando. Puedes tocar la Quinta Sinfonía de Beethoven diez veces y siempre es diferente. Es un eterno juego de estar buscando posibilidades, y de divertirte. Aquí tomo la frase del inglés play the music, juega con la música, que en español es toca la música; sin embargo, tocar no es tan divertido como jugar. Para mí cada concierto es una nueva oportunidad de conjugar todos los conocimientos, una gama donde tienes muchos colores y no sabes exactamente cual vas a necesitar hasta que ya estás ahí. Al final, puedes poner un poco más oscuro o un poco más claro. Las posibilidades son infinitas.
Descubrí tal proceso al escuchar mi propia voz, al liberar mi sentir. Es ahí donde tu cuerpo y oído expresan su musicalidad.

Disculpa que te cuestione, pero ¿qué hay detrás de ese divertimento que mencionas?

−Interesante que me preguntes esto, porque yo creo que ese es el fin, divertirte con tu trabajo. Aunque, sí, haciendo una retrospección, he tenido momentos difíciles en los que la nota o el tiempo de un compás no quedan como lo marca la partitura, y tienes que regresar una y mil veces sobre lo mismo. Por lo tanto no siempre me he divertido.
Y cuando no estoy cien por ciento seguro dónde está la música, empiezo a estar nervioso. La presión que se sufre ante un concierto desgasta, pero si estás ahí es porque puedes dar el máximo rendimiento. Por eso es muy importante conocer mis posibilidades, y entre más herramientas tenga para ratificar la música, más voy a poder jugar con ella. 

¿Alguna anécdota que te haya marcado durante algún ensayo o concierto?

−En un ensayo busco que mi mente esté enfocada sólo a la música: al estudio individual. Sin embargo, cuando las cosas no siempre salen como desearías, te marcan. Es muy difícil cuando el director detiene el ensayo porque al que quiere corregir es a ti. Te está diciendo que lo que estás creando en ese momento no está bien… Emocionalmente me ha afectado, y lo más duro es que en segundos tengo que corregir mi error y, a la vez, reponerme de tal aseveración. Complicado para cualquier integrante porque solo tenemos cinco ensayos para montar y ensamblar una sinfonía.
Después de sacrificar cuerpo y alma en nombre del arte ¿en qué ha retribuido a tu dedicación?
En todo. Me llevó a otro continente. A terminar una carrera, a estudiar hasta que dominara ciertas técnicas, a tener trabajo… La música te puede llevar a la felicidad por medio de escucharla o producirla, y ello justifica tu entrega. Ojalá y esta entrevista sirva para acercarse más a su estudio y no para alejarse.

Master Class: Percusión en la Orquesta Sinfónica.
Facultad de Música UV.
Foto: Yaneth González Landa.
¿Qué sugerencia das a alguien que desee incursionar en esta placentera, pero a la vez demandante y posesiva profesión?

−Que esté enamorado de la música. Y si le cuesta trabajo, a lo mejor conforme avanza en el proceso de aprendizaje se le va facilitando y se va enamorando. Pero sobre todo, que tenga interés, que sepa escuchar, que quiera aprender, que quiera encontrar.

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