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lunes, 14 de noviembre de 2016

Frente frío

Frente frío
Artemio Ríos Rivera

“La interacción del frente frío con la zona de inestabilidad provocará tormentas intensas en todo el país…” el noticiario así había pronosticado el tiempo para los siguientes días; así se expresaba la mujer de bajo escote y prominentes nalgas que sonreía en el televisor. Así se quedaba él, embobado en la imagen, sin importarle mucho el presagio de lo que estaba por venir. Lo único que quería era descansar de todo, enajenarse y olvidar lo que la realidad cotidiana, en la calle, le escupía a la cara.

El frente frío, en vísperas de la primavera, había dejado un par de días lluviosos con baja temperatura. El ánimo de él era brumoso, pero hoy había amanecido soleado, sin nubes, lo que auguraba un día disfrutable por el contraste, a pesar de los malos augurios. Se quiso animar y planeó rasurarse, pensando que eso lo haría verse más juvenil, más dispuesto a mirar y ser visto. De ese modo podría callejear.

Inmediatamente después de la inspección ante el espejo subió al gimnasio, antes de iniciar el ejercicio físico leyó un poco, aprovechando el sol para calentarse los huesos. Aunque aun era temprano, después de desayunar solo, decidió salir a la calle; eran las 11 de la mañana, un poco antes de la hora en que ella estaría abordando el autobús de regreso a casa.

El día era esplendoroso, buen inicio de semana le pareció. Cuando ella arribara podrían irse al puerto a ver el primer partido de la serie; iniciaría a las 8 de la noche y se quedarían al desfile del carnaval del miércoles. Qué importaban las obligaciones, pensó. Sé que le gustará la idea, se dijo para sí, ni siquiera regresaríamos por ropa a casa, nos iremos directos desde la terminal.

Ocuparía las seis horas de espera para ir a recargar el cartucho de la impresora, lavar la camioneta, cargar gasolina y sentarse a leer en algún café lejos del centro. Prefería la periferia por aquello del tráfico y las dificultades de estacionamiento, traía un libro a la mano que nunca se había decido a hojear.

Al poco de salir de casa vio a Rubén en la parada del urbano y decidió detenerse y ofrecerle un aventón. Hacía años de no verse, pero como salió muy “jovial”, con ropa deportiva, recién cortado el pelo y la barba de tres días cuidadosamente alineada, Rubén tardó en reconocerlo. Parecía que respondía discreto a las pretensiones sexuales de un desconocido gay. Pendejo, masculló para sí.

Lo llevó a su trabajo, la plática, aunque telegráfica, fue agradable, se pusieron al día. Rubén le dio sus últimas dos publicaciones: su tesis doctoral y un pequeño guion de teatro. Hablaron sobre su larga trayectoria en la radio universitaria. Quedaron que se llamaban para ir al programa radiofónico, una entrevista en vivo sería buena para ambos. Los encuentros y desencuentros a lo largo de los años vinieron al recuerdo, con sus contextos y copartícipes. Sin embargo, el día seguía siendo de maravilla.

En la gasolinera le llamó la atención una cara femenina conocida, era Rosario, mucho tiempo sin verla también, le hizo un halago a lo lejos; ella tardó en reconocerlo, vio la dificultad en su mirada, ella se apoyó en el tono de la voz de él, para aventurar el grito con su nombre. Todavía tenía tiempo para ir por su compañera a la terminal, las horas del trayecto de su viaje irían en un tercio.

Los ojos de Rosario brillaban, tenía las ganas de platicar, de ponerse al día, cada vez soy más ermitaño, pensó él con un dejo de nostalgia. También tenía ganas de chacotear, de saber de Emiliano, de Fernando, de sus días de mujer sola, sin pareja y sin hijo. No se atrevió a ofrecerle un café o una cerveza, sabía que aceptaría y que sería una charla agradable, de viejos camaradas que se encuentran después de algún exilio. De pronto se sentía recién repatriado de una deportación voluntaria. Empezó a mirar una ciudad que se volvía desconocida. La pequeña urbe en la que había habitado los últimos 30 años.

Se molestó por su indecisión con la mujer. Se cuestionaba porqué con Rubén no tenía dificultades para socializar y con Rosario sí. Entonces encontró mirándose como un monógamo acomplejado por la culpa de sus pasados “errores”.  Ella había abonado en eso, inconscientemente tal vez, se había encargado de anidar cariñosa y cotidianamente en él el aislamiento, el alejarse de los "malos amigos" y de las mujeres. Sus cariñosos celos, pensó, lo habían hecho ir cortando paulatinamente con sus amistades femeninas en el último periodo. Le habían impedido, inconscientemente, abordar y abonar potenciales amistades con el sexo opuesto.

Incómodo ante el descubrimiento, era un buen pretexto, se metió a la primera cantina teibolera que encontró, tuvo tiempo de tomar tranquilamente tres cervezas, oír música, ver unas parejas en el cachondeo al que daba derecho la copa para dama. Observó un par de danzas ortopédicas de un borracho que apenas se podía sostener en pie. Él, contenido e indeciso de invitar a Piernas Gordas a su mesa. Excitación y culpa, morbo y disciplina.

Las mujeres del bar eran comunes y corrientes, alguna jovencita que en el fin de semana y días festivos saca para sus gastos escolares, un par de señoras jóvenes, seguramente madres solteras con la justificación de necesidades económicas para mantener a la abuela y a sus hijos. Un par de mujeres maduras, maltratadas, con cara de viciosas entre encantadas y hastiadas con su trabajo.

Llamó poderosamente su atención la llegada de una mujer joven, con lindo rostro y un cuerpo regular; se sentó en la barra, era evidente que conocía al personal del bar, lo raro fue que no se le insinuó a nadie para que le invitará una cerveza. Pidió un trago, otro y otro más. No se veía que trabajara en el lugar, sintió el impulso de averiguarlo, pero, una vez más, se quedó con las ganas.

Nuevamente la imagen de su compañera y sus coquetas reconvenciones, sintió incomodidad por ir a la cantina sin ella, como un acto de traición. En los últimos años iban a todos lados juntos, felices, incluso a trasnochar y emborracharse. Pagó y salió rumbo a la terminal de autobuses, faltaban veinte minutos para la llegada.

El autobús venía retrasado, tuvo que esperar más de una hora su arribo. Tiempo suficiente para recapitular sobre las últimas horas, los últimos días, los últimos años...  Ella y él habían ido juntos a la capital del país hacía unos días, a una presentación en la Feria del Libro de Minería. Por cuestiones de trabajo él regresó inmediatamente; ella se había quedado varios días, hasta hoy.

Él la había llamado en la primera madrugada para decirle que había llegado sin contratiempos a casa, en ese momento se enteró que ella había decidido quedarse en la casa del Chirifas, un viejo amigo de la facultad, quien seguía soltero y viviendo solo. Aunque se inquietó un poco decidió no darle importancia a la suspicacia y confiar en ella.

Al otro día te quedaste en casa de tus padres, se dijo entre dientes, después con una amiga donde se reunieron con viejos compañeros de trabajo en una noche larga, con baile, alcohol y discusiones de rigor.

El repaso lo incomodó, trató de averiguar por qué. No tenía celos, no le molestaba enterarse sobre los hechos consumados: ella dormía en casa de un amigo y no con sus papás o con Laura, como habían quedado; no le fastidiaba que se fuera de fiesta con sus amigos, que perdiera la cartera y el dinero, no. Pero recordaba la llamada telefónica del jueves donde ella manifestaba un jugueteo celoso por los comentarios lanzados de sus amistades femeninas a su última publicación en el Facebook.

Entonces sintió rabia de sí. Enojo con su falta de libertad a la que él se había ceñido, a las barreras ideológicas que había puesto en su alrededor. Entonces decidió no esperarla más. A pesar de que la predicción de frente frío empezaba a hacerse realidad, que una espesa neblina envolvía a la terminal, y sin importarle que el chipi-chipi arreciaba amenazando con fuerte tormenta, salió de la terminal, dispuesto a perderse para siempre en una geografía que le era completamente ajena y con rumbo desconocido.

jueves, 3 de noviembre de 2016

"Casto" galanteo

Casto galanteo


Ingenuo al fin
Observo una sonrisa y asumo invitación
Incuestionable, digo

Inclinación usual, al acercarme veo
Forma de ser
Abierta convivencia
Sonrisa franca
Palabra dulce
de gracia natural

La insistencia se alienta en el prejuicio
Inconsciente presiono
–no lo asumo–
La negación no acepto de respuesta

Sensata madurez, la de ella
Equilibrado andar en pasarela
Ponderada mirada que define fronteras
Sin agrietar contornos 

La camaradería se disfraza instintiva
Zalamera, imprudente
El acecho es constante
Para mí, natural

Sorprendido por la fraterna crítica
Por la voz firme, sin rimbombancia:
La negación ha sido la respuesta

Cándido al fin
–inteligentemente–

No acepto las calumnias

Destierro sin frontera

Destierro sin frontera
                                    Artemio Ríos Rivera

Cubo incoloro
Filosas aristas repelentes
Cotidianas las desconocidas paredes internas
Asfixiantes  
Imposible ruptura con mis escasos huesos
encierro en imaginarias fronteras
destierro de mí
enclaustrado en el polvo de la palabra

Uniforme tersura rígida, implacable
Alto vacío
Ni siquiera el eco me devuelve tu nombre

Nominación del mundo
Seudónimo de cosas que no son en sí mismas
la vida inexiste más allá de tu límite
aislamiento emocional
que me deja minusválido
sin tasar el valor de una mirada
autodepreciación total
desprecio
ignorancia sistémica  
que me imposibilita ser
Yo o un otro

Golpeteo en puertas simuladas
paredes
ventanas fatuas
otra vez no encuentro resonancia de mi nombre
no sé cómo me llaman
sin título me presiento nada
un nadie
ahogado en la fatuidad delirante

Que puedo ser si no soy más en tu boca
En tu palabra
En tu verbo y acciones
Todo es rugoso, nada fluye


¿Qué brebaje catar?
Si la fuente de vida se seca con el tiempo
Con su resequedad
                     mis agrietados labios
                                              lastiman los abiertos belfos
—sin vida— que nada ofrecen
y tampoco se niegan.
Resequedad del tiempo.

Cubo insalubre, aséptico
Escepticismo resquebrajado
Impenetrable indiferencia
Sin relación alguna
En aislamiento

¿Cuál es la esencia que lubrica la vida?

Video del Ejido San José

Evidencia a mitad del proceso...