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lunes, 7 de agosto de 2017

En defensa del patriarca

En defensa del patriarca[1]

Artemio Ríos Rivera

Edipo rey, de Sófocles, como muchos de los textos que hemos recuperado de la Grecia Antigua, ha instaurado tópicos literarios y denominaciones científicas o literarias para nombrar diversas realidades que suceden en el mundo actual, para crear metáforas que mueren ante la validez universal.

Fundamentalmente se ha estudiado mucho la figura de Edipo y su relación con el parricidio y el incesto. A partir de la figura de este personaje se han recreado muchas obras literarias, ya sea en poesía, dramaturgia, novela o en las artes gráficas y la música, por decir algo. Se han recuperado figuras femeninas como Yocasta, pero, sobre todo Antígona que con su juventud y rebeldía muestra la tensión contra lo establecido.

Creo que se ha dicho poco de Layo. No nos detengamos en las versiones de su origen ni en la maldición de Apolo, al fin el oráculo de Delfos le dirá en su momento a este Rey, cuál es el destino de su hijo y, por tanto, el suyo propio.

Sin duda, puede parecer una provocación y ser políticamente incorrecto reivindicar a esta figura patriarcal, a esta autoridad fundacional del Reino de Tebas. Propongo ir al revés: antes de plantear alguna tesis, recordemos la función del personaje en la mitología griega.

Como todos sabemos, en la época antigua el poder no se confería por medio de elecciones. El poder se trasfería por herencia de sangre. Por eso, los reyes necesitaban tener hijos y que el primogénito fuera varón, para poder transmitir el trono a su muerte -sin pugnas violentas- y conservar esa gloria por la vía patrilineal evitando que algún pariente lejano o extraño se haga de la corona.

Por lo anteriormente señalado, se puede inferir que Layo, como buen rey, necesitaba un hijo varón. Así lo decide y, en previsión, decide consultar al oráculo sobre el destino de su descendiente, todos conocemos el trágico vaticinio: Tu hijo matará a su padre y se acostará con su madre.   

Lógicamente, ante tales advertencias el Rey decide no tener un hijo, por el momento. Sin embargo, más adelante Yocasta, su esposa, queda embarazada. La leyenda nos dice que por efectos de la embriaguez Layo engendró a Edipo. Desde una lectura simple, esto implica que el hijo no fue planeado ni deseado por su padre, para efectos de este texto no nos detendremos a especular sobre la figura femenina y su voluntad al respecto.

Una vez que ha nacido el hijo, Edipo, Layo vuelve a consultar al oráculo. La respuesta es la misma, el destino no ha cambiado. Su hijo le va a quitar su reino, le va a quitar a su mujer y le va a quitar la vida. Entonces, como en los viejos cuentos de hadas el Rey manda a matar a su hijo, le atraviesa fíbulas en los pies dándolo a unos pastores para que lo abandonen y muera, según algunas versiones de estos míticos personajes. Pero, como en los viejos cuentos de hadas, el hijo no muere. Pero sí hay el denominado alejamiento.

Edipo es cuidado, como un hijo, por el rey de Corinto y su esposa.  Con ellos crece y al llegar a la edad en que es necesario conocer el destino, Edipo consulta al oráculo con los mismos resultados antes conocidos: le quitarás el reino a tu padre, te acostarás con tu madre y le quitarás la vida a tu padre.

Asustado por la profecía y movido por el amor que tiene nuestro héroe a sus padres (adoptivos), decide huir de la casa y con eso abjurar a su destino. Edipo emprende el viaje. Hay incidentes cotidianos de la vida actual que nos parecen producto de nuestra época, pero no, mirando un poco al pasado nos damos cuenta de que son conductas con largas raíces en el tiempo: en un cruce de caminos, el rey Layo y su comitiva se topan con Edipo y se arma el pleito por ver quién pasa primero. En el enfrentamiento, Edipo mata a Layo y decide seguir en su huida del destino.

Al mismo tiempo, el reino de Tebas se encuentra en crisis. La Esfinge se ha apoderado de la entrada al reino, como castigo de la diosa Hera a un desliz homosexual del Rey, según versiones. Este monstruo femenino devoraba a los hijos del reino que no sabían contestar a sus acertijos. La única forma de que los tebanos superarán la situación era venciendo a la Esfinge en sus preguntas.

Edipo sigue su peregrinar y se encuentra en las montañas del oeste de Tebas donde la Esfinge le plantea una pregunta que es respondida correctamente, quedando vencida por el joven viajero. La ciudad se libra de sus males y, ante la muerte de Layo, es entronizado Edipo haciéndose cargo del reino y de la reyna Yocasta, su madre.

El joven gobernante procrea cuatro hijos con Yocasta, o cuatro hermanos, según se vea. Al paso del tiempo las calamidades vuelven asolar a la ciudad. Ante la problemática el rey Edipo consulta al oráculo para superar la nueva crisis. La solución es simple: dar con el asesino del rey Layo.

Edipo lanza un edicto para dar con el asesino del Rey, si el autor del magnicidio se entrega, será desterrado; si no se entrega y es descubierto su pena será de muerte. Para indagar sobre el asunto, Edipo emplaza al ciego Tiresias para ayudarlo a descubrir la verdad, para dar con el asesino.

En contra de su voluntad, el adivino le hace ver a Edipo que él es el asesino de su padre y que ha estado “conviviendo muy vergonzosamente” con Yocasta, su madre y esposa. Un destello de iluminación hace ver a Edipo lo que ha pasado, el destino se cumplió: mató a su padre, se quedó con el reino y se ha casado con su madre. Arrepentido, para no ver eso que antes no sabía, se arranca los ojos y se destierra del reino.

Bueno, así la anécdota en general, variantes más o variantes menos. Recordemos que estamos ante un elemento literario que no necesita evidencias y, como las leyendas, sufre cambios que no afectan lo sustancial de la trama. No estamos hablando de historia sino de literatura.

En una sociedad patriarcal como la nuestra el hombre es el que se va, el que abandona, el que mata, el que perdona, el que gobierna, el fuerte. Desde mi interpretación de la tragedia de Layo (para otros será de Edipo o de Yocasta, según se vea), se trata de la desventura del padre. Si nos preguntamos por qué Layo manda a matar a Edipo, la respuesta puede ser –otra vez- muy simple: para salvar su vida, su reino y la posesión de su mujer. Yo creo que esa no es la única respuesta posible.

Desde mi perspectiva, Layo quería tener un hijo no sólo por razones de Estado sino por razones personales, íntimas: él quería ser padre, tener un descendiente. Cuando el oráculo vaticina el destino de su heredero y el Rey decide, primeramente, no tenerlo, no es para salvarse él de la muerte sino para salvar a su hijo del destino.

La embriaguez de Layo al engendrar a su hijo es el canal para dar paso a su deseo, quitar las amarras racionales y el peso de la fatalidad. Edipo nació porque Layo quería ser padre, tener un descendiente, por eso se atrevió a tentar al destino. Una vez que nació Edipo es consultado nuevamente el oráculo sobre el futuro del niño, la sentencia sigue siendo irremediablemente la misma.

Cuando Layo manda a matar a Edipo, según yo, no es para salvarse él sino para salvar a su hijo del destino. El padre prefiere la muerte de su hijo a que el muchacho tenga que vivir como parricida, como incestuoso, como el usurpador de un reino. No se trata del fallecimiento accidental o por enfermedad, no del fin natural de una vida, sino de ser un fratricida. Claro, habrá quien diga: si su amor paterno era tan grande, ¿por qué Layo no se suicidó, evitando la tragedia de su hijo?, sí es un planteamiento interesante que nos propondría otros temas a debate: el suicidio y la orfandad. ¿Layo estaría dispuesto a asesinar al padre de Edipo? 

No hay evidencias de lo que digo. Además, no es fácil creerle a un hombre que quiere ser padre: es el primero en huir ante un embarazo; el primero en negar su responsabilidad. Aunque todo es relativo, es difícil cuestionar el deseo de la maternidad de la mujer, en general; si particularizamos la cosa es diferente, hay recurrencias y excepciones. Pero en nuestra sociedad es incuestionable la maternidad, como deseo o como hecho biológico. No así la paternidad.

Claro, las fecundaciones in vitro y las pruebas de ADN hacen que algunas afirmaciones se tambaleen. Pero, no es fácil creerle a un hombre que quiere ser padre y que es capaz de sacrificar su deseo y a su propio hijo, con tal de que el vástago no cometa las calamidades que la tragedia griega plantea.

Yo creo que a posteriori, desde un más allá imaginario Layo no condena a Edipo por haberlo matado, por haber cohabitado con su viuda y haberse quedado con su reino. Lo que Layo no quería ver era a un hijo arrancándose los ojos ante el arrepentimiento de lo hecho, de lo pasado. No quería que su hijo terminara como un mendigo desterrado, ciego, derrotado y cargado de culpas. ¿Qué padre puede soportar ver así a su hijo? ¿Haría cualquier cosa por evitarlo?

Simbólicamente todos somos un poco parricidas sobre todo en la juventud, en cada negación de nuestro padre, en cada reclamo, en cada sospecha de lo que nos quedó a deber. Al contrario, generalmente pensamos que algo quedamos a deber a nuestra madre.

El parricidio real se califica como un crimen inhumano, es decir, uno de los delitos que nos niegan como seres humanos, que niegan las bases más elementales sobre las que se fundan los más básicos acuerdos de convivencia entre las personas; lo mismo sucede con el incesto, más allá de que se hable de sociedades que lo practicaron en algún momento de su desarrollo. Por eso, la culpa de Edipo no es ‘cualquier cosa’, es algo por lo que cualquier padre, paradójicamente, daría la vida por evitar o mataría por ello.

Así, al situarnos en conflictos dramáticos, literarios, podemos jugar con las temporalidades para buscar comprendernos mejor. Como decía líneas arriba, a posteriori, Layo perdona a Edipo. No lo condena, incluso propone que puede morir en paz, si Edipo no se arrepiente de lo que ha hecho, así lo plantea la voz poética de mi poema “Layo II”.

Como avance de una reflexión que me propongo profundizar y que se desprende de la lectura del cuento “Fuera del círculo de tiza”, propongo el abandono paterno (o materno las menos de las veces) como la solución más madura ante el conflicto de intereses que pone como objeto del deseo al hijo. No es peleando hasta sus últimas consecuencias como se muestra el amor por un ser amado. Ni el abandono es, necesariamente signo de indiferencia o desprecio, puede serlo, claro.

El padre puede preguntar al hijo si le duele el abandono, la respuesta será, seguramente, afirmativa. Sin embargo, puede ser más dolorosa la no partida, la no resolución de un conflicto de pareja que puede tener secuelas de años o de toda la vida. Evidentemente, eso no lo sabremos, no podemos saber lo que no sucede, pero, podemos suponerlo, plantear la posibilidad objetiva de su acontecer. Después de una ruptura de pareja, el enfrascarse en la pugna por la custodia de los hijos puede ser sólo una lucha de egos; para cobrar agravios reales o imaginarios. Los hijos pueden ser elementos infalibles para el chantaje, un ‘botín de guerra’.

Se dirá que en esta historia no es protagónica la figura femenina, en efecto, no lo es. Estoy tratando de argumentar en defensa de un punto: la paternidad. Elemento desde donde, por desgracia, como sociedad hemos alimentado muchas asimetrías. En el Patriarcado se fundan muchas de las conductas sociales e individuales de las inequidades entre hombre y mujeres.

Estoy convencido que una parte sustancial de repensar la masculinidad pasa por repensar la paternidad ¿quiénes somos los hombres como padres?, aunque, como es lógico, no lo podemos pensar sin referencia a las mujeres, a su papel y el peso histórico que tienen en la educación y crianza de los hijos. Aunque ahora hay muchas cosas objetivamente posibles, antes impensables, la biología abona a la lejanía “natural” paterna. Layo no estuvo fecundando a su hijo en el vientre por días y días, no lo amantó de su seno. La “determinación biológica” parece ser un argumento de mala reputación, pero habría que repensarlo y dimensionarlo en un valor justo.

La relación entre los hijos y la madre no tiene cuestionamiento, existe con o sin el padre, pero la relación del padre con los hijos, ¿existe sin la madre?, más aún, ¿existe sin mediación de la madre? ¿Las mujeres están dispuestas a dejar el espacio necesario para que los padres nos hagamos cargo de la crianza, de la educación cotidiana de los niños?, ¿quieren escuchar que ya no vamos a la guerra y que deseamos el calor del hogar con niños jugando?, ¿cederá esa moderna Abraxas una parte del reino íntimo de hogar?


Referencias
Kurnitzky, Horst (1992). EDIPO un héroe del mundo occidental. Siglo XXI. México.
Propp, Vladimir (2008). Morfología del cuento. Colofón. México.
Ríos, Artemio (2011). Mujeres del nuevo y viejo mundo. Verso destierro. México.
Ríos, Artemio (2013). Rudeza innecesaria y otros cuentos adolescentes. Verso destierro. México.




[1] Versión preliminar.

viernes, 4 de agosto de 2017

La Abuela

La Abuela
                             Artemio Ríos Rivera

Después del Rosario
de las rodillas contra el piso
de poner en la barra tus cenizas, como copa de vino
emerge tu figura
desde el mar
desde el más allá de nuestros días

Después de la oración
después de todo
en tu tierra germinó la semilla
brotaron los retoños
que al primer soplo de viento
como dientes de leones
se fueron tras veredas

Después del golpe en el pecho
de remembranzas de lo que estamos siendo
contigo
sin ti
a tu pesar
y en tu ausente presencia
dejamos que la lluvia escurra por la frente
que se forme un estero en nuestro rostro
de la salinidad y el agua dulce

Después de todo
hacemos de tu imagen
un botín de subterránea discordia
te idolizamos
como la inmaculada de nuestra eternidad
queremos retratarnos en un espejo sin azogue
en tu rostro que existe y no está
hablamos bien de ti
para que otras voces repitan ese eco a nuestros corazones.

lunes, 3 de julio de 2017

Dirás que no hace falta

Dirás que no hace falta
Para Sandra, sin duda
                                                Artemio Ríos Rivera

Dirás que no hace falta
—y con razón—
que diga que te amo
o que simule hacerlo

Eres la mecha
que ha encendido a esta pólvora
Que ya no se quema en infiernitos

Sin duda pensarás:
No tiene chiste
Pues se trata tan sólo
de un juego lexical:
Poesía solamente

Pero tú nos conoces
Sabes de qué color es la palabra
que engendramos los dos
Al mismo tono

Pero tú nos conoces
Sabes la paz que viene
después de la batalla
Del combate de amor,
ni duda cabe

Intuyes el calor de aquel silencio
De esa braza que abraza y nos consume
en apartar al mundo y su violencia

El retorno no tarda y nos brindamos
Por las voces de auxilio y resistencia
Marchamos por las redes y en las calles
Aunque haya quien lo piense:
Qué ilusorio

Y sí,
somos ingenuos y viajamos
en un bajo perfil,
—por respeto a los otros—

Y nos buscamos
En cada errata
En cada risa
En la brisa del mar
En prisa de la gente
En el fénix ceniza

Conoces un color que no es ausencia
Sino conciencia plena
de la mutua mirada
que brinda a tu salud en la montaña

Y te miro
—con paciencia impaciente—
En cada acto
Te diseminas en los niños
En las mujeres tímidas que gritan
el ardor del silencio que atraganta

Te reconozco en el oficio
—Brega y brega—
 soberano timón a los costados
Para escuchar al otro
Y su mandato

Conoces la incongruencia
En esto del amor y desamores
En la revolución y sus involuciones
En el tierno rencor a lo que odiamos
En las benignas hostias del pasado

Atragantados de amor, y otros pertrechos,
Salimos a la calle solidarios
A buscar uno al otro separados
Sin poder distinguir si somos uno
O si acaso nomás un extravío

Sin duda pensarás:
No tiene chiste,
Pero también dialogamos de cocinas
De trastes sucios y camas destendidas
De tu perro y el gato
Del escándalo de parvadas canoras
de beatas azules y pájaros risibles

Dirás que no hace falta
—y con razón—
que diga que te amo
o que simule hacerlo.




 






martes, 27 de junio de 2017

Tajo vital

Tajo vital

                         Artemio Ríos Rivera

Musgo
Cáliz
Fogata

Humedad
Obertura
Viento fatuo

Cuchillada de luz
Fontana oscura
Ensimismados labios boquiabiertos

Inédito rincón
Gélido cetro
Salobre soledad

Bisagra del amor
Oleada lúbrica 

miércoles, 14 de junio de 2017

Los Exámenes Institucionales en Veracruz

Los Exámenes Institucionales

Sandra Ortiz y Artemio Ríos


Hace ya varios años, en 1999, en la Subdirección de Telesecundarias del Estado de Veracruz se acordó echar a andar los Exámenes Institucionales. Eran pruebas objetivas de todas las asignaturas académicas, que debían ser aplicadas a los alumnos de todo el Estado, después de cada bloque, es decir, cinco veces al año.

La propuesta tenía, para las autoridades, dos líneas claramente definidas: por un lado, hacer exámenes locales (tipo enlace) con base en tablas de especificaciones, concentrados estadísticos de las respuestas y coloramas que evidenciaran los focos rojos donde había bajo logro.

Por otro, apoyar económicamente a las Supervisiones Escolares y Jefaturas de Sector en sus gastos de operación. El costo de impresión era de $ 2.50 por batería; el Sector lo daba a $ 4.00; la Supervisión a $ 6.00. Este último debería ser el costo para el alumno. Multipliquen el precio de cada examen por el número de estudiantes de telesecundaria de cada Zona Escolar y Sector. Claro, los recursos eran para gastos del servicio educativo. Pero, ¿quién debería sufragar esos gastos?

Los bancos de reactivos eran elaborados en la mesa técnica central de Telesecundarias, a uno de nosotros le tocó elaborar algunos exámenes de Español allá por el año 2000. Los exámenes fueron fuertemente cuestionados por los docentes: caros y mal elaborados, eran los argumentos. Hubo mucha tensión y aunque se dijo que eran voluntarios y para ayudar a los docentes, en la práctica se volvieron obligatorios y su contribución académica fue muy poca. Desde nuestro punto de vista, no se ponía el acento en la realimentación al docente y a los alumnos, en lo académico; el énfasis estaba en lo económico tratando de aumentar la ganancia.

Poco a poco se fueron desnaturalizando los instrumentos. Aunque había una propuesta de precio estatal, un porcentaje de ganancia para la Supervisión y uno para la Jefatura de Sector, pocos la respetaban. El precio se inflaba y, en algunos casos, la Dirección de la escuela se asignaba una comisión y hasta se sacaba, en pocos casos, algo para los gastos de cada salón de clases. Al final pagaban los alumnos, sus padres o tutores.

Es posible que, en algunos casos, los márgenes de ganancia se justificaran, en muchos nos parece que no. El Examen Institucional se fue volviendo un instrumento caro, que fue dejando las estadísticas y los coloramas de lado y, en otros casos, hasta las tablas de especificaciones se hacían con poco cuidado y rigor. Los precios variaban de región en región y, a veces, hasta entre las escuelas de la misma zona escolar.

Sin embargo, el examen subsistía. A pesar de las críticas, algunos supervisores insistían en él, porque “resolvía” problemas económicos de la supervisiones escolares.

Ante la crítica a la calidad académica del instrumento se optó por la fácil. Ya no los elaboraba la mesa técnica central sino los Asesores Técnico Pedagógicos (ATP) de zona o sector, en otros casos, eran los mismos docentes frente a grupo; aunque la respuesta de los maestros era misma: baja calidad. No es fácil elaborar reactivos para pruebas objetivas. Diseñarlos de acuerdo a diferentes niveles de complejidad, dominar la taxonomía de Blomm, o alguna otra. Dominar los formatos: de completamiento, de cuestionamiento directo, de elección de elementos, de jerarquización o de relación de columnas. Claro, dominar los contenidos de la asignatura. Tomarse seriamente un espacio de elaboración pausada. En fin, el tiempo de la elaboración de los exámenes no se convirtió en un sólido proceso de aprendizaje para los actores involucrados en su diseño. Aunque hubo intentos de capacitación.

Había ambivalencia ante los exámenes: por un lado eran malos y caros, pero, por otro, resolvían a los docentes frente a grupo el problema de hacerlos individualmente o por escuela. Son muchas asignaturas para trabajar por parte de los docentes de telesecundaria. En los hechos hacer buenos exámenes objetivos pueden significar una carga excesiva para el maestro frente a grupo que trabajo todas las asignaturas.

Desde la Subdirección de Telesecundarias se propuso dejar de aplicar esos exámenes. Por la problemática señalada y por lo poco recomendables como instrumentos de evaluación. Pero ya había muchos intereses creados: jefes de sector metidos a impresores de exámenes, supervisores que tenían en ellos un buen ingreso, hasta ATP que elaborábamos reactivos para algún impresor y que nos pagaba por eso, podríamos ironizar que “a la manera del CENEVAL”, en fin.

La pedagogía contemporánea recomienda muy poco las pruebas objetivas sobre todo cuando se pretende que la educación sea formativa, como el caso de educación básica en nuestro país. Los reactivos objetivos tienen su utilidad, pero no son recomendables en las escuelas de educación básica para la evaluación interna, formativa.

Por la razón anterior se ha propuesto utilizar otro tipo de instrumentos que evalúen el proceso de aprendizaje del alumno, como la elaboración de ensayos o la evaluación centrada en el desempeño, incluso cuestionamientos orales que evalúan el conocimiento durante las actividades (con un registro por parte del docente). Por eso se sugiere desarrollar portafolios de evidencias del estudiante y las rúbricas que evalúan niveles progresivos de dominio o pericia con respecto a un proceso o producción determinada.

En el ciclo escolar 2014_2015 la Subdirección de Telesecundarias del Estado de Veracruz empezó a enviar Rúbricas a las escuelas para evaluar procesos de aprendizaje de los alumnos. Pero muchas veces no llegaron a su destino, había interés en ocultarlos. La rúbrica, a diferencia de la prueba objetiva debe tenerse al inicio del bimestre para orientar el desempeño del alumno y del docente en la escuela.

En un tiempo en que la política educativa se centra en la evaluación, es muy relevante que los actores educativos nos posicionemos críticamente frente al tema, así como a las prácticas de evaluación en todos los niveles y ámbitos donde se realizan. Los Exámenes Institucionales, además, nos insertan en la discusión sobre la gratuidad de la educación y el financiamiento de las escuelas; pues ellos significan una doble violencia: valoran muy parcialmente el aprendizaje de los alumnos y lastiman la economía de las familias. Lo triste del caso es que hay quienes, desde las supervisiones escolares, hoy en día insisten en el negocio, perdón… en la aplicación de este tipo de instrumentos.

lunes, 17 de abril de 2017

Artemio Ríos Rivera poeta y narrador de Veracruz





Artemio Ríos Rivera poeta y narrador de Veracruz


por Joel Gustavo Rodríguez Toral


La poesía de Artemio Ríos Rivera es una poesía de alto orfebre, hablo de su libro: Mujeres del nuevo y viejo mundo, que va de menos a más, pero en un sentido de rigor, al igual que elaborando, demostrando la imaginación como un estupendo uso de la palabra, es una poesía experimental que en momentos parece asomarse a la bohemia, y en dónde la mujer se vuelve un mapamundí de voces de poetas como Mallarme, pasando por la sección de poemas de nombre: "Mujeres del Viejo mundo" dedicados a las vírgenes y que sin reparos nos concibe una vista más encarnada e incluso mundana, y con ello las acerca al imaginario conformado en la concepción de la lectura, y de su capital lector, a quién le proporciona dicha lectura lejos de toda devoción y cerca de la sugerente seducción, de hecho me recuerda y concibo en comparación al poema de Fernando Pessoa , de su libro: "Mensajes", hermanados al poema de éste gran poeta portugués cuyo nombre es : "Doña Teresa".
Me parece que en la sección de poemas que corresponde a una declarada intimidad: "Pretexto de Nosotros" su poética es sugerente, irónica y por su indudable experimentación se vuelca a un estilo muy acercado a poetas como Nicanor Parra, sin caer en los anti poemas, pero en dónde sus poemas logran ser de escritura ágil, fina y artera, que tienen una gran oferta de poética, con miramientos realistas y a la vez de gran artificio.


Por el otro lado en su compilado de cuentos , cuyo nombre es: Rudeza innecesaria y otros cuentos de adolescentes, tenemos a un narrador que regresa a los caminos de la pubertad, a la prueba en dónde se tiene que adolescer de todo y al mismo tiempo disfrutar de un momento dorado en la vida, con miramientos estupendos en la escuela, que le proporcionan mejores sitios para narrar a sus entrañables personajes, en situaciones maravillosas, que habitan en un imaginario de los recuerdos y de las triunfantes travesuras. 

Ambos libros son de la editorial Verso Destierro y se manifiestan como lecturas directas, ágiles y de irrefrenable diversión, verdadera lectura atrapada en el gusto de la imaginación y de su asombro.

Video del Ejido San José

Evidencia a mitad del proceso...