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sábado, 19 de septiembre de 2015

DEFE

DEFE*
Artemio Ríos Rivera

Lo dije y lo sostengo:
Esa pinche ciudad se va a morir sin mí
Con huelgas
                       Sindicatos
Temblores
                       Y partidos
Térmicas inversiones
Juergas
                       Y explosiones
Jodidos
                       Poluciones
A pesar de todo eso
Por esas situaciones
—aunque sea en el metro—
te cojo sin calzones.

Por ahí dijo Mario
“Ciudad en que no existo y sin embargo…”
Ciudad que no he vivido
Que he muerto a cada paso
Calles bandas           pachecas
De taxis y soldados
Del chico y otros lados.

Ciudad de humo
Y no es metáfora
Ciudad que mata
Y no precisamente de amor          
                                   O de nostalgia
Ciudad de odio
De corre
                       Ve
            Y cabrón si les dices.

Ciudad de los malditos
Que a fuerza de golpes
Se nos vuelven poetas
Y no de los poetas
Que se piensan malditos.

Calles de viajes y pasones
De viejas y pasiones
De la mendicidad y del prostíbulo
Del acarreo y la consigna

Mi ciudad
Ni pequeña
Ni hermosa
Tan simplemente real
Tan natural y concreta
¿cuál surrealismo?, ¿cuál?
Pendejo el que no entienda
Ella es la pura neta
También es puritana
                       Metafísica
                                   Kafkiana

Ciudad de ratas
Elefantitos
                       Y ositos retozones
De nalgas rozagantes
                       Y pelos de colores
Ciudad de poderdumbre
De opulencia y costumbre.
Así yo te recuerdo:
Mataron a Peralta
—tomamos una barda—
golpearon con la razzia
—presta
            saca
                       atraca
            y puto el que se raje—.

La calle 16
 Muchachos a correr
 Porque viene la tira
 Y nos viene a joder.

Ciudad recuperada
De la calle tomada
Los gritos por Reforma
Por Fresno
Por San Cosme
La consigna en el Zocalo
Solo la retaguardia
No cruzó la Alameda
La ciudad sin frontera
¡¡Neza sí!!
¡¡Tuinquis no!!

“Ciudad en que no existo y sin embargo…”
sin embargo —sin retención de bienes—me deja
no me extraña
se aleja (sé Aleja).

Ciudad que no es ante mi ausencia
Ciudad indiferencia
Regresar ya me espera
Como amante dejada
Como monja quedada
Sin deseos
Con rencores
Con odios
Con ganas de romperme en sus entrañas
                       Al saber que es en mí
Omnipresencia
Con ganas de asirme a lo que sea
—naufragante en el metro—  
la que pudo haber sido
y, carajo, no fue.
Ciudad como una puta puritana
—pero no viceversa
que se da
            que se abre
                                   pero nunca se entrega.

*Homenaje a la ciudad de México después del sismo del 19 de septiembre de 1985.




lunes, 8 de junio de 2015

Convención de Lectores y Escritores en Altotonga, Veracruz

Santa Cruz Tepozoteco: Convención de
Lectores y Escritores. 
Artemio Ríos Rivera




 Pese a que el Programa Nacional de Lectura y Escritura (PNLE) ha dejado de existir en nuestro país desde hace un par de años, las escuelas y las zonas escolares siguen realizando sus Convenciones de Lectores y Escritores en los diferentes niveles de educación básica, esto en Veracruz y varias partes del Territorio nacional.
El pasado viernes 5 de junio de 2015, en la comunidad de Santa Cruz Tepozoteco, Altotonga Ver., se llevó a cabo la Convención de Lectores y Escritores de la Zona 77 de telesecundarias de nuestra entidad federativa.


Fue importante la presencia de dos ex Coordinadores Estatales de lectura en el estado y la inauguración realizada por la encargada de la Estrategia Estatal para el Fomento de la Lectura y la Escritura en Veracruz, Hortensia Morales. Uno de los ex responsables en la entidad del fomento de la lectura, Juan Alfonso Morales, impartió un taller de cuento a los alumnos de primer grado participantes en el evento. Los muchachos estuvieron atentos en todo momento a las indicaciones del coordinador.


 Sobre todo fue relevante constatar la acumulación de experiencia y conocimiento en la realización de este tipo de eventos. En más de una década, poco a poco estas convenciones han ido mejorando la calidad de las mismas, sobre todo en el último periodo. En esta mejora continua han participado los colectivos escolares, atentos a las propuestas que desde diferentes instancias se han ido haciendo vía la Asesoría Técnico Pedagógica.
Alrededor de 24 telesecundarias del corredor geográfico que va de Xalapa a Altotonga se reunieron para mostrar las evidencias que sobre la promoción de la lectura y escritura han realizado en el transcurso del periodo escolar. Antes de llegar al evento, maestros alumnos y autoridades educativas habían realizado un trabajo intenso.



 LAS EVIDENCIAS
Dos de las evidencias más importantes del trabajo en los centros educativos son las bitácoras y las antologías escolares. En general, el avance es notable en las publicaciones, después de insistir varios años, hoy por ejemplo, las antologías muestran originalidad, portadas acordes a la temática antologada, prólogos, índices, ilustraciones adecuadas, títulos llamativos y, sobre todo, muchos textos originales. Aun hay elementos en los que se puede avanzar, sin embargo la mejora es sensible. Las publicaciones locales empiezan a tener fortaleza propia que las hace resistentes ante la crítica.



LOS DOCENTES
Al paso del tiempo los docentes se han ido desplazando de observadores, eventualmente aburridos, de lo que hacían los alumnos en las convenciones, a participantes activos. Se van dando cuenta que no es suficiente repetirle al alumno las bondades de la lectura y la escritura. En la lógica de predicar con el ejemplo, los maestros estuvieron en un taller de escritura de décimas conducido por el maestro jubilado Ramón Fernández, en la plenaria, como todos los participantes, presentaron una muestra de sus productos escritos sobre creación literaria.










LOS ALUMNOS
Llegaron al evento con productos parciales para realizar nuevas actividades que los llevaran a la conformación de nuevas producciones finales. En tres diferentes mesas de trabajo los jóvenes laboraron sobre la escritura de cuentos, la lectura de leyendas y su representación dramática, así como debatieron sobre el Bullying para realizar una obra de teatro guiñol. Los trabajos fueron coordinados por los invitados y los Asesores Técnicos de la supervisión escolar. En todo momento se notó la alegría y ganas de aportar de los muchachos.

LAS MADRES DE FAMILIA
El problema de la incorporación de los padres de familia a las propuestas académicas escolares ha sido un camino difícil de concretar. La sociedad debe dar oportunidad a la escuela de convertirse en un centro de convivencia comunitaria para la restitución del tejido social, para comprometernos con formas más sanas y organizadas de convivencia, deportiva, de lectura, festiva, de tareas comunitarias, en fin. Unas cuantas golondrinas no hacen primavera, pero fue emotivo ver el desarrollo del taller de conservación de alimentos, donde participaron las madres de familia, coordinado por una maestra de la Unidad de Capacitación para el Desarrollo Rural (UNCADER). La mermelada de ciruela estuvo muy rica.

LA CONVENCIÓN
El evento estuvo, en términos académicos, bastante bien organizado, lo que hizo que algunos problemas de logística, al final del programa, no tuvieran un peso específico sobre la convención. Hemos ido transitando, todos, de eventos tipo “festival del día de la madre” hacia encuentros que ponen en el centro el trabajo académico, la palabra, el libro, la escritura, el trabajo de creación, la originalidad, los productos un poco más cuidados donde se nota la mano revisora del docente. Entre las escuelas participantes me gustaría mencionar a las telesecundarias de: Ejido San José, Mazatepec, Mesa de la Yerba, Toxtlacoaya, Las Vigas, colonia 21 de Marzo, entre otras a las que en diferentes momentos hemos brindado acompañamiento desde la Jefatura de Sector 21 de Telesecundarias. Felicitaciones a los organizadores de la Telesecundaria de Tepozoteco y de la Supervisión Escolar. Sobre todo felicidades a todos los estuvieron presentes y a los que desde sus escuelas hicieron posible que la calidad del evento tuviera concreción.

lunes, 9 de febrero de 2015

Fortuna florida

Fortuna florida
Artemio Ríos Rivera

Hace poco más de 50 años vine a Fortín de las Flores. Tal vez yo era un niño de apenas cuatro primaveras. Mi abuela Felícitas cuidaba una gran casa con alberca a un lado del parque central de aquella pequeña ciudad. Hacía apenas unos cinco años Fortín todavía era considerada una villa. Vinimos por un par de semanas, nos quedamos algunos meses.

Inicialmente nos alojamos en el cuarto de huéspedes de la residencia en custodia, después alquilamos una casa de madera a media cuadra del parque, en el lado opuesto a la vivienda de la abuela, hacia la parte sur de la plaza central.

Para evitar que mi hermana o yo nos metiéramos a la alberca, los adultos inventaban historias horrorosas sobre ese enorme ojo de agua al centro de la casona, decían: que no tenía fondo; que había fuertes corrientes, como remolinos de viento, que se llevaban a los niños hasta el mar; que por las noches rondaba la llorona alrededor del estanque porque ahí había perdido a sus hijos; que cuando uno se metía, el agua se volvía pesada como una charca lodosa lo que impedía al nadador regresar a la orilla; que por las noches crecían algas y lirios listos para atrapar a quien se acercara a las márgenes acuáticos. Cuando mis padres alquilaron la casa y nos mudamos al otro lado del parque, mi hermana y yo descansamos de tan terribles e hipnóticas imágenes.

            Yo era tan pequeño que no iba a la escuela. En las mañanas me gustaba barrer la banqueta frente a la casa y esperar que pasara una niña, yo creía que se llamaba Jazmín, rumbo a su escuela. La pequeña, como mi hermana, era unos cuatro años mayor que yo. Cuando no podía salir a barrer, espiaba a Jazmín por las rendijas de los tablones o habría la parte de arriba de la puerta bandera que daba a la calle, me subía en una silla y miraba a los niños saltando con sus mochilas rumbo a la primaria. De la muchacha observaba los concentrados e indiferentes ojos que se perdían en el horizonte, parecían tararear canciones infantiles.

Cuando viajábamos a Fortín lo hacíamos en tren, casi doce horas de viaje desde la ciudad de México, el doble de lo que hacía el autobús, pero el pasaje salía a la mitad del precio y era hermoso ver el amanecer al ir saliendo de los túneles en las cumbres de Maltrata. Al regresar a México, comprábamos troncos de plátano ahuecados, llenos de gardenias y jazmines, flores que eran vivamente coloreadas con anilina. Las perfumadas macetas viajeras eran tributos florales que iban a parar a la Villa de Guadalupe, para dar gracias a la virgen de haber regresado con bien del largo viaje.

Nunca relacioné Fortín con un fuerte militar, con una fortaleza destinada a las fuerzas del orden contra los salteadores de caminos, contra los ladrones de diligencias y recuas comerciales que transitaban, durante el siglo XIX, entre el puerto de Veracruz y la capital del país. Para mí, Fortín era una palabra que venía de fortuna, era una fortuna perfumada, en el día olorosa a jazmines y gardenias; por la noche aromada por la hipnótica fragancia del floripondio. La pequeña ciudad era una fiesta con ruidos de grillos, chicharras, pájaros y el tenue quejido de las corrientes de agua.

Me gustaba durante el día ir al parque con otros niños, un poco más grandes que yo, a juntar coyoles; esas enormes canicas caídas de las palmeras, que nunca llegarían a convertirse en cocos de agua; seleccionábamos los que estaban limpios y amarillos para chupar un poco su dulce y pegajosa pulpa llena de fibras, un poco nada más porque eran empalagosos; después, haciendo un gran esfuerzo, con una piedra rompíamos la dura corteza que estaba debajo de la capa dulce y nervuda, para comer los coquitos que había en el corazón de esas bolitas, parecían canicas de barro con tres capas concéntricas. En ocasiones traía un martillo de la casa para facilitar la tarea. Muchas veces nos machucamos los dedos.

La carretera pasaba a un lado del parque. Fortín era un cruce de caminos entre Córdoba, Orizaba y Coscomatepec. En aquel tiempo no existía la autopista. En lo que hoy es el cruce de la Calle Uno y la Avenida del mismo número, donde hay una pequeña glorieta, ahí había una especie de montículo con un parasol, lugar en que se ponía un agente de tránsito a dirigir la circulación vehicular, no había semáforos en la ciudad. El agente estaba vestido de color café, como en otras partes del país, de ahí el apodo que la masa les puso: tamarindos. El tamarindo siempre estaba muy serio, formal, con su silbato en la boca y las manos enguantadas en blanco para dar y negar el paso a los camiones.

Los niños nos íbamos a sentar a la esquina más lejana de la casa, para esperar el paso de los camiones cargados de caña de azúcar que transitaban rumbo a los ingenios Independencia, la Concepción y San Gabriel. Los lentos camiones eran aun más lerdos al doblar la esquina, entonces, como una manada de micos escandalosos, agitando las manos y alborotado el pelo, los niños nos colgábamos de alguna caña salida en la parte trasera de los cargueros hasta lograr quedarnos con la larga y dulce vara entre las manos. Nos cortábamos, nos llenábamos de las finas espinas de las largas hojas de la caña, a veces caíamos al suelo con las manos vacías, pero siempre, llenos de tizne, terminábamos sentados en la esquina pelando cañas con los dientes y mascando el azucarado fruto blanco. El bagazo lo poníamos cerca de los hormigueros, para ver si las pequeñas obreras desmenuzaban y llevaban el desperdicio de la caña al fondo de sus enormes montículos.

En una ocasión nos tocó alguna verbena popular, imagino que era por navidad o fiestas patrias. El parque, lleno de gente y de adornos estaba listo para un torneo de cintas. Los concursantes daban vueltas en bicicletas, tratando de ensartar unas cintas y quedarse con ellas, los colgajos eran líneas de colores en un tendedero frente al palacio municipal. Cada cinta correspondía a un premio. Por la noche, la pirotecnia. Los toritos llenos de cohetes y de luces correteaban por la calle a los más intrépidos muchachos que los toreaban y, a veces, terminaban con alguna quemadura menor, que se presumía como una medalla al valor en la batalla callejera nocturna. Las palomas, los cohetes y chifladores causaban sus estruendos y largos ruidos que excitaban a los hombres y provocaban gritos agudos a las mujeres.

Solitario o acompañado me gustaba correr por los terrenos baldíos alrededor de la ciudad. Era gratificante ver el sol contra las flores blancas y amarillas, contra el verdor del follaje; la luz quebraba en una suerte de cristal molido, reflejado en el rocío de las mañanas desde las copas de los árboles hasta las briznas de pasto mal cortado que descansaba en las laderas.  Al medio día, como una fiera enloquecida, inocente y feliz, corría atrás de las mariposas en un frenético deseo de levantar el vuelo, como ellas, para alcanzar los papalotes que los niños mayores estaban empinando en alguna loma. Fortín de las Flores era una fortuna florida con anturios, tulipanes y  lirios colgando en las axilas de los árboles. Era una fortuna inédita que existiera una ciudad sin cantinas, claro en las tienditas se vendía alcohol de caña y cerveza; una pequeña urbe donde los niños podíamos recorrer, sin compañía de los adultos, todas sus calles sin más temor que a las leyendas y los fantasmas.

Después de más medio siglo regreso a la fortuna florida, al fuerte de las flores, al río Metlac que me arrullaba por las noches, aunque yo no podía distinguir si el acuático murmullo era de la lluvia o de las corrientes de agua que pasaba muy cerca de la casa. Después de cinco décadas me asalta el recuerdo de Jazmín; de la niña de calcetas blancas caídas y una bolsa de mandado en la mano que guardaba sus libros rumbo a la escuela o de regreso a su casa. Nítida me viene a la memoria la chiquilla de morena piel y trenzas negras que indiferente pasaba frente a mí, ignorando la existencia de un sentimiento que aun ahora no sabría definir.  No sé qué siento o sentí por ella. No sé si viva. Hoy tendría poco más de 60 años.

Jazmín sigue siendo un perfume floral que flota en la neblina de esta ciudad entrañable, que llena mis pulmones y me invita a la nostalgia, al amor, al recuerdo. La ciudad no ha crecido mucho. Espero encontrarla pronto, la seguiré buscando.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Dos actos y una posdata.


DOS ACTOS

Y

UNA

POSDATA*

Artemio Ríos Rivera


Artemio Ríos Rivera (Xalapa, Ver., 1958). Aventurero de la
poesía, capaz de volver a empezar cualquier cosa en
cualquier instante con la misma facilidad que se da sin
entrega. Amante del amor y de la vida, ha sido promotor
cultural y de la lectura entre los jóvenes. Dice que Xalapa
y la ciudad de México son los elementos de su eterna
bigamia sin conflictos. Ha hecho teatro, video educativo,
radio, periodismo, cuento, poesía y ensayo; todo esto, otra
vez según él, de la mejor forma: de vez en vez y de
manera intensa, como el amor furtivo.


LIMINAR


Dos actos y una posdata son textos que saltan al
papel por sí mismos, bajo la invocación de un libro
colectivo. Este apartado es la respuesta a la
confabulación de una cofradía de autonombrados
poetas que se cobijan al abrigo del papel impreso, de la
pantalla del ordenador o del cartel mal pegado en un
muro. Asociación casi perniciosa que, desde este y
otros mundos, debate títulos, orden de aparición,
créditos, ilustraciones, formas, fondos, etcétera y,
finalmente, deja al azar la presentación de un trabajo
poético, pero no solemne.

Se trata de un ímpetu externo que provoca el
acto de creación en un compromiso personal y
colectivo, que demanda avispar el oficio del que escribe,
del que forma y del que ilustra un poema. Es la literatura
la que nos congrega, sí. Pero también es la vida misma,
sus cotidianas contradicciones: estar con estos
personajes, en este espacio, demanda valor y buscar lo
mejor de uno mismo para no desmerecer el trabajo del
grupo.

El primer acto de esta puesta en escena son diez
textos de corta extensión, pero de amplias pretensiones,
dedicados al amor que se sucede entre el día y la
noche; hay indisolubles elementos que envuelven a la
entrega furtiva, ésa que se quiere con todo de una vez y
para siempre. Así de sencillo, así de simple, así de
breve.

En el segundo acto se propone la unidad
contradictoria de un delirio cotidiano, doméstico que casi
esquizofrénico, juega con la entrega y el desencanto.
Están presentes la costumbre que adormece y el deseo
galopante; la chispa del motor mismo de la vida y su
pequeña muerte, la indiferencia. Una aporía que tensa
la relación de pareja sin romper los lazos de una unión
un tanto perversa, pero normal.

Al final son los otros, producto del amor y de sus
odios que fundan la relación cotidiana del afecto. La
contradictoria expresión de lo que somos, o lo que la
voz poética pretende que seamos, tiene sus frutos y
disfrutos: lo filial y lo fraterno se asoman entonces, pero
también las fobias atisban la posdata.


PRIMER ACTO

1

Cielo abundante
Escasos los infiernos
Integrada al pasado
Te ofreces como ofrenda
Intentas sin tapujos
Reescribir nuestra historia
En el alba de lechos
Agitados de pretensiones diurnas

2
Sin nada que me guíe
Sin mapa que me rija
Aferrado al instinto
Peino tu geografía
Encuentro
Sin buscar
Al borde de tu grupa
El sur de nuestros días

3

Contra locura
Tu mano es quien conduce
Por infernales círculos de mezquindad
No hay indefensión
Puedo escapar de mí
Lo dice tu ternura
Mágica morada
Que expulsa a los demonios
A salvo de mí
Sin propuesta que valga
Me entrego a tus caricias

4

No soy el recipiente de ajenas sensaciones
Piel
Ojos
Oídos
O inflamada nariz
Papilas paladeantes se impregnan de mi mismo
De conciencia de mi
al recorrer tu cuerpo

5
La luz y los sonidos
El aroma del sol
El frío reconfortante
Nacen dentro de mí
No vienen desde fuera
Se precipitan de mis poros
Cuando erizado tu sexo
Se detiene en mi lengua

6

Boca…
Matriz
Entreabiertos los labios
Misteriosa la entrega
La simiente destila en comisuras
Boca…
Vagina
Por los belfos
En alegres silencios
La vida se desborda
Boca…
Abanico
Que invoca
Silencios terrenales

7

Caer en trance
La luna menguante
El placer creciente
Tú, llena
Nueva
Luminoso satélite
De todos los planetas
De mis constelaciones
Caer en trance
Agitar polvo cósmico
Regresar
Respirando inconsciente una paz sideral

8

Presiento
Espontáneamente
Manipulo el ocaso
Placer apasionado
Te entregas sin volver

9
Destellos fragmentarios
Parcial satisfacción
Discontinua la espera
de todo percepción
No te concibo fuera de mí
No me concibo fuera de ti

10

Cuando el amanecer
dejó de ser una tentación
supe que el ciclo era cotidiano
aunque jamás eterno


SEGUNDO ACTO

APRENDIZAJE

Aprendí a no atenderte
Aprendí a no escucharme
Acercarme a tu cuerpo creciente y blanco
Resignado a la entrega
Indiferente y dócil
Disfrutando la inercia
El pasivo disfrute
de una caricia ruda
Turbulenta
Pero experta en el arte
de tomar sin entrega

RESACA

Y tampoco después
Hablamos de nosotros
Vigilaba en secreto su furia contenida
grito al
vacío
Preámbulo de un amor agonizante
Finalmente el tiempo carece de importancia
No existía la palabra
Nunca antes
Durante
O después
Lo que hubo fue presencia
Única forma de ahuyentar los fantasmas
Los suyos
Los que tengo
Los que rodean y oprimen este placer furtivo
Enredado y confuso

CERTIDUMBRE

Dicha no es la vida
Ni la muerte desdicha
Una desgracia, no
Tampoco incertidumbre
Vida: pequeña muerte cotidiana
todos los días
como tenue resaca
del doméstico amor

A CABALLO

Puedo enloquecer de amor
Amor por ti...
Sin que te importe
Puedes enloquecer de amor
Amor por mí...
Sin que me importe
Podemos alucinar de odio
Mutuo rencor sereno
Sin que a nadie le conste

PRESENCIA

A veces me amenaza el porvenir
Un futuro terrible de esperanza
A veces tengo miedo de llegar a quererte
amarte para siempre
Pero no ahora
Por la buena fortuna
Hoy sólo te deseo

REGRESO

Ligeramente sádico
Discreto
Pervertido
Sudado e inocente
La humedad en los ojos
Nostálgico
Confuso
Adolorido
Salgo de ti

HOGAR

Me instalaba en la sombra de tu cuerpo
Fuera del margen hiperactivo, visible de tu marcha
Burlón y melancólico
Condescendiente y tibio
Afirmándolo todo a contrapunto
En paz
Evadiendo tu roce
Domésticamente

NARCISISTA

Amo mi cuerpo y tanto como al tuyo
No deseo
que pierdan
su posibilidad
de ser carne
tacto
contacto
piel
Amo mi espíritu y tanto como a ti
mi alma dolorida
no quiere
no desea
verme envilecido
rebajado
yerto
Por eso este periplo sin regreso
—vicioso círculo entre el cuerpo y la nada—
no importa conciliar:
yo, conmigo,
tu y yo,
en fin, somos nosotros
Que jalen los extremos sin descanso
hasta que estalle la unidad que nos contiene

POSDATA: FILIALES Y FRATERNOS

LA PRINCESA

Despreocupada la princesa
Revisa los estantes
En busca de un espejo:
¿Cazadora?
¿Diosa de la luna?
Pastora o hechicera
No importa de qué cuento
Que baste la belleza
de un cuerpo de mujer, con su rostro infantil

BERENICE

Mientras tanto la Esperanza crece
feliz, despreocupada
indiferente
A pesar del cielo turbio
Ahí está la esperanza
Indiferente y dócil

EL COLIBRÍ

En la gardenia se posa el colibrí
Agitación inmóvil
excita pensamientos
Inmediatez lejana
Alto vuelo
Profundo
Terso

EL VIENTO

El viento turbulento
se mueve a ras del suelo
Sube
Baja
Aletea con violencia
agitando las aguas
Sin saber dónde ir

OTREDAD

Cuando juego al espejo
No descubro a los otros
que no soy
Pero son referente
El marco
Mi sentido

IN FINITO

En el puente
Que tienden
Nuestros cuerpos
No hay finitud
Tan sólo un jadeo involuntario que transgrede a la muerte
Sin alcanzar siquiera
A preñar una vida

EXIGENCIA

En situación
Comprometida
No te percibo
fuera de mí, nada
Todo inmediato
Concreto
Presente
percepción todo
excitación
carne
lascivia
sólo sentirte
sentirme solo
destellos fragmentarios
satisfacción totalmente parcial
discontinua

INCESTO

Sacudir con destreza
mi árbol genealógico
para que caiga exigua
la manzana inmadura

OLVIDO

No podría decirles
ni siquiera tu nombre
Si te he visto
hoy no recuerdo dónde
El olvido es perdón,
Aunque también venganza

A CONTRALUZ

Estrellada humedad
Salinidad que aspiro
Nocturna caza
Casa marina
Centelleante horizonte
Del perfil impasible de tu cuerpo
A contraluz
el bullicioso neón es danzante en el centro
Del barrio marginal
Del humo
De la piel
y el viento


*En Mar de amores. Antología de poesía concreta.Editorial Leega. México. 2010.

Video del Ejido San José

Evidencia a mitad del proceso...