La puerta en el portón
La celosía no cierra desde dentro
Afuera están los otros
y las otras
Ellas al exterior
Me han ignorado
Me ahogo en el encierro
Abro las hojas
Entra el mar
Cantábrica tormenta
Cierro los ojos al espejo
Soy la otredad que era y no veía
Un trasfondo de azogue
Moldeable en tu mirada
Material a capricho
En el mar exterior yo me sostengo
En el laberinto
El calabozo
El frío
Humedad
y penumbra
es esta vida
sin mujer que me nombre
Cuento, poesía y ensayo. Literatura, educación y vida cotidiana son las temáticas bordadas en los diversos textos encontrados en el presente blog.
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sábado, 26 de marzo de 2011
jueves, 24 de marzo de 2011
CONTINUIDAD
Lúcida entrega
a la eternidad de un instante
de otro
y otro más
Así es como te tengo sin tenerme
Así es como me tengo sin tenerte
Lo afirmo jubiloso:
Bebo tu piel
cuando la sed me llama
líquido soy cuando te vuelves agua
me brindo sin ahogarte
sin que me falte el aire
No hay rupturas
ni uniones
no aparecen huidas
sólo sanas distancias
con gozosos encuentros
sin verdades ni engaños
Puedo nombrar tu nombre
sin rubores
Puedo decir te amo
como nombrar la sopa
es cierto.
Puedo decir, en este instante,
que mi amor es perenne
y es bueno para ti
y lo es para mí
y lo es para ellas.
De igual forma lo sé:
—de eso estoy seguro—
mi amor nunca es tu vida
no vivo para ti
ni para mí te vives,
por eso ambos estamos.
Nos fundimos
en el instante juntos...
después te es preciso
el aire que respiras
y no me necesitas
hasta un futuro instante
-en caso de existir-
de encuentro sin rupturas.
No te rechazo
no te dejo de lado
no matamos la vida
con la fuerza de algo
que nunca es
ni ha sido.
Te amo eternamente
porque la vida al fin
tan sólo es un instante.
Lúcida entrega
a la eternidad de un instante
de otro
y otro más
Así es como te tengo sin tenerme
Así es como me tengo sin tenerte
Lo afirmo jubiloso:
Bebo tu piel
cuando la sed me llama
líquido soy cuando te vuelves agua
me brindo sin ahogarte
sin que me falte el aire
No hay rupturas
ni uniones
no aparecen huidas
sólo sanas distancias
con gozosos encuentros
sin verdades ni engaños
Puedo nombrar tu nombre
sin rubores
Puedo decir te amo
como nombrar la sopa
es cierto.
Puedo decir, en este instante,
que mi amor es perenne
y es bueno para ti
y lo es para mí
y lo es para ellas.
De igual forma lo sé:
—de eso estoy seguro—
mi amor nunca es tu vida
no vivo para ti
ni para mí te vives,
por eso ambos estamos.
Nos fundimos
en el instante juntos...
después te es preciso
el aire que respiras
y no me necesitas
hasta un futuro instante
-en caso de existir-
de encuentro sin rupturas.
No te rechazo
no te dejo de lado
no matamos la vida
con la fuerza de algo
que nunca es
ni ha sido.
Te amo eternamente
porque la vida al fin
tan sólo es un instante.
Despacio
Brava la mar de los deseos
tus caderas mueven un oleaje que avasalla tiernamente
la sucesión del movimiento no tiene dimensiones
aguas mansas que se desbordan
aletean los albatros en tu cálido aliento
saboreando el tac tic de tu musgo discreto.
La cariñosa furia se contiene
climática vehemencia de un amor sin murallas
el apetito viene a remar despacio
para no fallecer
en crestas de un oleaje
en la cima precisa de tu respiración
de tus fluidos callados, en sordina
apenas perceptibles.
Despacio
Dé espacio
Remar
Re mar
Dé mar espacio
Re despacio mar dé espacio
Despacio
Brava la mar de los deseos
tus caderas mueven un oleaje que avasalla tiernamente
la sucesión del movimiento no tiene dimensiones
aguas mansas que se desbordan
aletean los albatros en tu cálido aliento
saboreando el tac tic de tu musgo discreto.
La cariñosa furia se contiene
climática vehemencia de un amor sin murallas
el apetito viene a remar despacio
para no fallecer
en crestas de un oleaje
en la cima precisa de tu respiración
de tus fluidos callados, en sordina
apenas perceptibles.
Despacio
Dé espacio
Remar
Re mar
Dé mar espacio
Re despacio mar dé espacio
Despacio
sábado, 4 de diciembre de 2010
Abrazo
"Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos..."
Mario Benedetti
Brazos que son brasas
brasas que no queman
abrazan y abrasan
envolventes caricias que se desplazan de un extremo a otro
desde la festiva fraternidad
hasta el silencioso hervor de una sangre apasionada
que apenas se asoma por la rendija de una sonrisa
de un apretón de manos
de la cortesía de una frase.
Tus brazos son mis abrazos
que me abrazan y abrasan tiernamente
contenidos por el dique del deber
Una columna se inclina sobre mí
tímidamente se acerca y cerca un corazón
que desbocado se anida en mi pecho.
Pecho a pecho se estrujan mil latidos
ante las indiferentes e inquisidoras miradas
de fraternos ojos.
Siento la redondez de un rostro
que discreto descansa fugazmente en mi oído.
¿Cómo sentir tu radiación, sin que el amor estalle entre mis manos?
frágilmente estrujo las mariposas que saludan con caricias involuntarias
respetuoso, pero explícito transmito lo que siento:
puedo decir que te amo, como se festeja a la vida.
Mi palabra se calla por no ser aprensiva
sin embargo la luz insiste:
es a brazo partido y abrazo compartido.
Lo sé, no me lo digas
sé que no soy el convocado
que tus solidarias manos son asidero de náufragos y ahítos
no soy a quien convocas
no es a mí al que llamas
aunque soy al que incendias
incineras acaso con sólo una palabra
Eso eres tú: pequeña hoguera de generoso humor
frágil hogar al que todos corremos, simulando no hacerlo,
presurosos corremos a rondar en tus rayos.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
martes, 2 de noviembre de 2010
POEMAS INCONCLUSOS
Poemas Inconclusos
Húmedas lenguas
que paladean tu dermis
Palabras lluvia
Ciclones
y torrentes
Savia de plantas y raíces
Osmosis que inicia en mi vacío
y penetra otros plasmas
Se van filtrando, palabras, en medio de las rocas
Minando un sólido que se desvanece y vuela por los aires
Humedece los diques la palabra
inunda resistencias
Te entregas y construyes
¬-con mis mensajes-
Otro nuevo poema que rueda calle arriba
Palabra líquida
Imperceptiblemente taladras el concreto
Agua sonora
Acuáticos poemas
No son en sí
Los van haciendo
Construyendo en oídos
en bocas y simientes
No hay desenlace
Solamente un reguero
de letras inconclusas...
Húmedas lenguas
que paladean tu dermis
Palabras lluvia
Ciclones
y torrentes
Savia de plantas y raíces
Osmosis que inicia en mi vacío
y penetra otros plasmas
Se van filtrando, palabras, en medio de las rocas
Minando un sólido que se desvanece y vuela por los aires
Humedece los diques la palabra
inunda resistencias
Te entregas y construyes
¬-con mis mensajes-
Otro nuevo poema que rueda calle arriba
Palabra líquida
Imperceptiblemente taladras el concreto
Agua sonora
Acuáticos poemas
No son en sí
Los van haciendo
Construyendo en oídos
en bocas y simientes
No hay desenlace
Solamente un reguero
de letras inconclusas...
miércoles, 13 de octubre de 2010
Capacidades diferentes
Capacidades diferentes
Ortodoxia en añicos
Madura inteligencia
capacidad diferenciada
Ágil jinete
de mariposas manos
plena y feliz
tu hábil diferencia
Infantil la mirada
que se posa en mis ojos
tu garganta articula
difíciles palabras
Múltiple mujer de ilimitadas limitaciones
Tu mirada taladra mi figura
Se posa en la superficie
quema
penetra
conoce mis entrañas sin buscarlas
traspasa
va más allá
me deja sin sonido
sin valor
relativamente vivo
torpemente normal
Subes
remontas obviedades
No hay vació en tu mirada
Brilla
Absorbe luz
Alumbra los perfiles
-Atmósferas palabras-
Pasas encima de todos y de todo
Franca tu risa
Desprejuiciada
Saltan alegres tus ojos en respuestas
Todo sorprende tu tacto sorprendido
Tu piel
Tu oído
El vuelo de tu pelo
Atenta a un punto
Corres como una niña
Un mundo rueda al toque de tu mano
Tu aliento empuja la troje
Molienda de la vida
No sé qué más decir
Me basta con mirarte
Para desvanecerme como un dulce en tu boca
Volátil algodón de amarga azúcar
Tus pestañas inmensas abanican mi alma
dan aire a la palabra
Mi pluma busca, sin tocar tus contornos,
Insiste en dibujarte
torpemente mi mano diluye tus fronteras
Escapas del alcance
Tus pasos mienten un frágil equilibrio
Y sonríes cristalina
Carcajadas ajenas
Me miras
Indiferente
Lejana
a mi desierta urgencia
Para Yadira
Ortodoxia en añicos
Madura inteligencia
capacidad diferenciada
Ágil jinete
de mariposas manos
plena y feliz
tu hábil diferencia
Infantil la mirada
que se posa en mis ojos
tu garganta articula
difíciles palabras
Múltiple mujer de ilimitadas limitaciones
Tu mirada taladra mi figura
Se posa en la superficie
quema
penetra
conoce mis entrañas sin buscarlas
traspasa
va más allá
me deja sin sonido
sin valor
relativamente vivo
torpemente normal
Subes
remontas obviedades
No hay vació en tu mirada
Brilla
Absorbe luz
Alumbra los perfiles
-Atmósferas palabras-
Pasas encima de todos y de todo
Franca tu risa
Desprejuiciada
Saltan alegres tus ojos en respuestas
Todo sorprende tu tacto sorprendido
Tu piel
Tu oído
El vuelo de tu pelo
Atenta a un punto
Corres como una niña
Un mundo rueda al toque de tu mano
Tu aliento empuja la troje
Molienda de la vida
No sé qué más decir
Me basta con mirarte
Para desvanecerme como un dulce en tu boca
Volátil algodón de amarga azúcar
Tus pestañas inmensas abanican mi alma
dan aire a la palabra
Mi pluma busca, sin tocar tus contornos,
Insiste en dibujarte
torpemente mi mano diluye tus fronteras
Escapas del alcance
Tus pasos mienten un frágil equilibrio
Y sonríes cristalina
Carcajadas ajenas
Me miras
Indiferente
Lejana
a mi desierta urgencia
domingo, 10 de octubre de 2010
Amamos
Para acumular: Amamos
acaparar
someter
y avasallar
para eso nos damos.
Para reclamar: Amamos
dominar
acometer
y desarmar
para eso nos damos.
Demasiado pequeños
para el amor
mezquinos,
pero a veces
sólo a veces
pocas veces
crecemos hasta la generosidad
la gratuita entrega.
Los necios reniegan de la lluvia
aunque sea ligera
tormentosa
o pasajera
Llueve
tiempo de lanzar semillas
germinar
fecundar a las hadas en el bosque.
Es el momento de salir
chapotear
bañarse en lágrimas
jugar
derramarse en los demás.
La tormenta anticipa:
la comunión
la calma
la claridad
el sol.
acaparar
someter
y avasallar
para eso nos damos.
Para reclamar: Amamos
dominar
acometer
y desarmar
para eso nos damos.
Demasiado pequeños
para el amor
mezquinos,
pero a veces
sólo a veces
pocas veces
crecemos hasta la generosidad
la gratuita entrega.
Los necios reniegan de la lluvia
aunque sea ligera
tormentosa
o pasajera
Llueve
tiempo de lanzar semillas
germinar
fecundar a las hadas en el bosque.
Es el momento de salir
chapotear
bañarse en lágrimas
jugar
derramarse en los demás.
La tormenta anticipa:
la comunión
la calma
la claridad
el sol.
viernes, 8 de octubre de 2010
Cantando cumbia
Cantando cumbia
Roberto aparenta 16 años, en realidad ni él mismo sabe su edad. Su pelo es chino, ensortijado, parece costeño, pero su piel es más clara que la de los jóvenes asoleados en las playas. Delgado, de estatura media, usa pantalón de mezclilla ligeramente corto, de brincacharcos. Sus pies, sin calcetines, se mal ajustan unos zapatos negros sin brillo. Su dentadura está completa y pareja, su ancha sonrisa la luce totalmente blanca. La ropa que porta es muy usada. Sus amigos, por lo flaco, le dicen El Charal.
Roberto prácticamente vive en el mercado. Un tianguis enorme de puestos de comida. Hay un ancho pasillo central franqueado por otros dos de menor importancia, la cuadrícula se completa por seis pasadizos que cruzan horizontalmente los tres primero ejes, como un laberinto en el que El Charal se mueve como pez en el agua. En el centro hay un pequeño camellón con árboles pelones y un poco de pasto. Aunque se expende “comida corrida” y desayunos en general, hay secciones del mercado especializadas en cierto tipo de guisos. A un lado del camellón central están los puestos de jugos, licuados y aguas frescas. Entrando, del lado derecho, están los restaurantes de caldo de gallina, en el extremo opuesto expenden pancita y chileatole de pata. A media nave tres o cuatro puestos sirven birria de chivo, como debe ser. Al fondo están las tortillerías y los puestos desde donde salen los carritos y las canastas a vender tacos de guisado, tamales, atole o café con pan.
Las meseras se disputan la clientela, por el bien del negocio donde trabajan y las potenciales propinas: – Pásele güerita, pásele, aquí hay lugar. –Qué le voy a servir, siéntese. Sonríen, seducen a los transeúntes, se muestran amables y solícitas.
Por las mañanas el mercado se llena de olores que impactan el paladar, huele a comida recién horneada. Las cacerolas de sopa, frijoles o mole están hirviendo sobre las barras de los puestos. Las cazuelas están recién retiradas de las hornillas donde en ese momento se sazona un bistec con cebollas o unos huevos en salsa verde.
En la noche el olor se vuelve un poco rancio, el vapor sube por las coladeras, los gases llenan el ambiente de aromas desagradables, son los hedores que acompañan el sueño de Roberto, su diaria pesadilla. Ante la ausencia de seres humanos, las ratas hacen sus rondines y comen desperdicios. Los puestos de mariscos que en el día se antoja verlos y olerlos, por la noche se vuelven poco respirables, ni siquiera el consuelo de que huelen a sexo sucio de mujer los hacen soportables.
Es temprano, el día está soleado. Roberto trae un güiro de plástico en la mano izquierda, en la otra un peine negro. El instrumento de percusión semeja un tiburón, lo raspa rítmicamente con el peine, canta con voz al cuello “La rajita de canela”. Se ríe, mirando con intención a la mesera que recoge unos platos, piensa en el doble sentido que puede dársele a la letra de la canción. –Yo quiero que me des tu rajita de canela, le sopla de frente a la mesera. La mujer no puede contener la carcajada, pero se apena y trata de cubrirse con el trapo de limpiar.
Roberto termina de cantar y pasa el güiro entre los parroquianos. –Lo que guste cooperar, repite una y otra vez. Algunas monedas caen en las fauces del tiburón de plástico.
Esta acción se repite en cada pasillo del mercado durante un par de horas. En cada esquina que canta, Roberto no puede dejar de imaginar la “rajita de canela” de la mesera a la que coquetea recurrentemente, día a día es como un impulso para iniciar su peregrinaje en el mercado. Aunque ahora interpreta “Cabaretera” o algún bolero, su sonrisa se conecta al recuerdo de una sexualidad que desconoce.
Roberto deja de tocar, junta sus monedas, le alcanzaría hasta para pagar un hotel de paso. Se sienta en la fonda frente a la que cantó al principio del día. Hay un acuerdo tácito con la mesera: hoy es el día. Deambula por los pasillos, compra una naranjada de un cuarto de litro en envase tetra pack. Si no sale con la chava necesitará el recipiente. Compra también un sobre de chocomilk y un limón.
Regresa al primer pasillo y observa a la mesera, sabe que saldrá de trabajar hasta las ocho de la noche, aunque él no tiene nada que hacer ignora si podrá esperarla. Parece más sencillo vaciar en el envase el chocomilk y el limón, para matar el olor del solvente y evitar que la gente se fije en él, incorporar a la mezcla el frasco de resistol 5 000 y ponerse a inhalar. Boquear como un charal fuera del agua botado en un rincón oscuro donde pasará la noche, para que mañana se vuelva a imaginar la rajita de canela.
Roberto aparenta 16 años, en realidad ni él mismo sabe su edad. Su pelo es chino, ensortijado, parece costeño, pero su piel es más clara que la de los jóvenes asoleados en las playas. Delgado, de estatura media, usa pantalón de mezclilla ligeramente corto, de brincacharcos. Sus pies, sin calcetines, se mal ajustan unos zapatos negros sin brillo. Su dentadura está completa y pareja, su ancha sonrisa la luce totalmente blanca. La ropa que porta es muy usada. Sus amigos, por lo flaco, le dicen El Charal.
Roberto prácticamente vive en el mercado. Un tianguis enorme de puestos de comida. Hay un ancho pasillo central franqueado por otros dos de menor importancia, la cuadrícula se completa por seis pasadizos que cruzan horizontalmente los tres primero ejes, como un laberinto en el que El Charal se mueve como pez en el agua. En el centro hay un pequeño camellón con árboles pelones y un poco de pasto. Aunque se expende “comida corrida” y desayunos en general, hay secciones del mercado especializadas en cierto tipo de guisos. A un lado del camellón central están los puestos de jugos, licuados y aguas frescas. Entrando, del lado derecho, están los restaurantes de caldo de gallina, en el extremo opuesto expenden pancita y chileatole de pata. A media nave tres o cuatro puestos sirven birria de chivo, como debe ser. Al fondo están las tortillerías y los puestos desde donde salen los carritos y las canastas a vender tacos de guisado, tamales, atole o café con pan.
Las meseras se disputan la clientela, por el bien del negocio donde trabajan y las potenciales propinas: – Pásele güerita, pásele, aquí hay lugar. –Qué le voy a servir, siéntese. Sonríen, seducen a los transeúntes, se muestran amables y solícitas.
Por las mañanas el mercado se llena de olores que impactan el paladar, huele a comida recién horneada. Las cacerolas de sopa, frijoles o mole están hirviendo sobre las barras de los puestos. Las cazuelas están recién retiradas de las hornillas donde en ese momento se sazona un bistec con cebollas o unos huevos en salsa verde.
En la noche el olor se vuelve un poco rancio, el vapor sube por las coladeras, los gases llenan el ambiente de aromas desagradables, son los hedores que acompañan el sueño de Roberto, su diaria pesadilla. Ante la ausencia de seres humanos, las ratas hacen sus rondines y comen desperdicios. Los puestos de mariscos que en el día se antoja verlos y olerlos, por la noche se vuelven poco respirables, ni siquiera el consuelo de que huelen a sexo sucio de mujer los hacen soportables.
Es temprano, el día está soleado. Roberto trae un güiro de plástico en la mano izquierda, en la otra un peine negro. El instrumento de percusión semeja un tiburón, lo raspa rítmicamente con el peine, canta con voz al cuello “La rajita de canela”. Se ríe, mirando con intención a la mesera que recoge unos platos, piensa en el doble sentido que puede dársele a la letra de la canción. –Yo quiero que me des tu rajita de canela, le sopla de frente a la mesera. La mujer no puede contener la carcajada, pero se apena y trata de cubrirse con el trapo de limpiar.
Roberto termina de cantar y pasa el güiro entre los parroquianos. –Lo que guste cooperar, repite una y otra vez. Algunas monedas caen en las fauces del tiburón de plástico.
Esta acción se repite en cada pasillo del mercado durante un par de horas. En cada esquina que canta, Roberto no puede dejar de imaginar la “rajita de canela” de la mesera a la que coquetea recurrentemente, día a día es como un impulso para iniciar su peregrinaje en el mercado. Aunque ahora interpreta “Cabaretera” o algún bolero, su sonrisa se conecta al recuerdo de una sexualidad que desconoce.
Roberto deja de tocar, junta sus monedas, le alcanzaría hasta para pagar un hotel de paso. Se sienta en la fonda frente a la que cantó al principio del día. Hay un acuerdo tácito con la mesera: hoy es el día. Deambula por los pasillos, compra una naranjada de un cuarto de litro en envase tetra pack. Si no sale con la chava necesitará el recipiente. Compra también un sobre de chocomilk y un limón.
Regresa al primer pasillo y observa a la mesera, sabe que saldrá de trabajar hasta las ocho de la noche, aunque él no tiene nada que hacer ignora si podrá esperarla. Parece más sencillo vaciar en el envase el chocomilk y el limón, para matar el olor del solvente y evitar que la gente se fije en él, incorporar a la mezcla el frasco de resistol 5 000 y ponerse a inhalar. Boquear como un charal fuera del agua botado en un rincón oscuro donde pasará la noche, para que mañana se vuelva a imaginar la rajita de canela.
domingo, 12 de septiembre de 2010
viernes, 3 de septiembre de 2010
Mujer que llora
Esa mujer llora en mis manos
cuando hacemos el amor
en llanto estalla
grita
ríe
exige paz
se pide más
Invade con su savia
de lúbricos fluídos
se cuela entre mis dedos
suda
llueve
fluye
exige paz
me pide más
Y cuando llega
cuando me voy
cuando la beso
cuando me doy
cuando le escribo
y cuando no
mira el vacio
toca mi ausencia
llora en mis manos
muestra paciencia...
cuando hacemos el amor
en llanto estalla
grita
ríe
exige paz
se pide más
Invade con su savia
de lúbricos fluídos
se cuela entre mis dedos
suda
llueve
fluye
exige paz
me pide más
Y cuando llega
cuando me voy
cuando la beso
cuando me doy
cuando le escribo
y cuando no
mira el vacio
toca mi ausencia
llora en mis manos
muestra paciencia...
miércoles, 1 de septiembre de 2010
POLIGAMIA
Poligamia
Dos
eran dos
un simple par dialéctico
laxitud y dolor
instantáneo y eterno
Dos eran dos
pero eran mucho más
eran el Universo
A las musas del barrio
de mi barrio siniestro
de mi pequeño barrio
guetto de soledad
amargo
dulce
yermo
Para esas dos mujeres
que no acogió mi pecho
por temor
por dolor
por ese pinche credo
por el remordimiento
por el amor eterno
Por qué no amar así
por qué no amar
sentirnos este día
en este desconcierto
Por qué no amar, por qué
en la primera esquina
en esta misma calle
ahí, en el mercado
la plaza, cualquier parque
allá o cualquier lado
Por qué no amar así
por qué no amar, por qué
En todos los recintos
rompamos soledades
en la escuela
en el templo
hogar
palacio
metro
prostíbulo
autobús
oficina
o desierto
Si podemos odiarnos
-y claro que podemos-
eso ni duda cabe
si todo lo podemos
defecarnos podemos
golpearnos
mordernos
agredirnos
rompernos
Matarnos al instante
es todo lo que hacemos
Por qué no amar entonces
aunque haya dualidad
aunque seamos tres
aunque seamos diez
por qué no amar, por qué
Sus rostros se confunden
sus cuerpos se unifican
su origen es el mismo
al amar vivifican
del mismo árbol
dos
misma simiente
dos
misma locura
dos
la misma fiebre
dos
dos
dos
Por qué no alzar los pechos
desgarrando los vientres
perdiéndose en el tiempo
para decir qué siento
para armar utopías
deshacer fantasías
y unirnos sin silencio
con ruido
con colores
con verbo
con sudores
Con manos que se buscan
con cuerpos que se tocan
que no callen las bocas
y gritemos los tres
-o todos de una vez-
por qué no amar, por qué
con amor primitivo
sano, animalesco
Sin besos escondidos
con ojos
manos
sexo
Que se haga el amor
como es el pensamiento
Preciso,
Precioso,
Indómito,
Insurrecto
Dos
eran dos
un simple par dialéctico
laxitud y dolor
instantáneo y eterno
Dos eran dos
pero eran mucho más
eran el Universo
A las musas del barrio
de mi barrio siniestro
de mi pequeño barrio
guetto de soledad
amargo
dulce
yermo
Para esas dos mujeres
que no acogió mi pecho
por temor
por dolor
por ese pinche credo
por el remordimiento
por el amor eterno
Por qué no amar así
por qué no amar
sentirnos este día
en este desconcierto
Por qué no amar, por qué
en la primera esquina
en esta misma calle
ahí, en el mercado
la plaza, cualquier parque
allá o cualquier lado
Por qué no amar así
por qué no amar, por qué
En todos los recintos
rompamos soledades
en la escuela
en el templo
hogar
palacio
metro
prostíbulo
autobús
oficina
o desierto
Si podemos odiarnos
-y claro que podemos-
eso ni duda cabe
si todo lo podemos
defecarnos podemos
golpearnos
mordernos
agredirnos
rompernos
Matarnos al instante
es todo lo que hacemos
Por qué no amar entonces
aunque haya dualidad
aunque seamos tres
aunque seamos diez
por qué no amar, por qué
Sus rostros se confunden
sus cuerpos se unifican
su origen es el mismo
al amar vivifican
del mismo árbol
dos
misma simiente
dos
misma locura
dos
la misma fiebre
dos
dos
dos
Por qué no alzar los pechos
desgarrando los vientres
perdiéndose en el tiempo
para decir qué siento
para armar utopías
deshacer fantasías
y unirnos sin silencio
con ruido
con colores
con verbo
con sudores
Con manos que se buscan
con cuerpos que se tocan
que no callen las bocas
y gritemos los tres
-o todos de una vez-
por qué no amar, por qué
con amor primitivo
sano, animalesco
Sin besos escondidos
con ojos
manos
sexo
Que se haga el amor
como es el pensamiento
Preciso,
Precioso,
Indómito,
Insurrecto
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